jueves, 23 de febrero de 2012

Juicio en el crepúsculo


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Novela corta

EL JUICIO EN EL CREPÚSCULO
Rafael Archondo Pabón.
Prefacio:
Se trata de la historia de cinco personajes que inician su vida en un encuentro juvenil temporal para inmediatamente dispersarse en dinámicas diferentes, caminos diversos donde las circunstancias son más decisivas que las voluntades. Tras toda una vida de vivencias luego de muchos años vuelven a encontrarse para confrontar sus vidas y al final de los finales se vuelven a dispersar hasta que la muerte los encuentre.
Se muestra cómo, partiendo de condiciones naturales similares, los caminos tomados son muy diferentes. Ninguno tuvo una formación consistente, ni familiar ni del entorno, que hubiera podido marcar su futuro para bien o para mal. En algún momento las cosas podían haber modificado el camino de manera radical, pero no fue así y las historias se construyeron de esa manera.
No hay buenos ni malos personajes, tampoco mensajes moralistas. No hay héroes ni villanos, sólo humanos que con un punto de partida común se desarrollan de acuerdo a su sensibilidad y capacidad de respuesta a las circunstancias. No es un delito buscar la felicidad para sí mismo, aprovechar las oportunidades sin votos de pureza y salvarse sólo. No es un delito buscar la felicidad para todos sin creerse un mesías o un iluminado. Tampoco es deseable el sacrificio por los demás hasta el martirio. Quizás lo difícil está en lograr el equilibrio entre el amor y el odio, el egoísmo y la generosidad, la justicia y la equidad, el yo y el ellos, el para mí y el para todos.


Cap. I. El pueblo
Hay lugares especiales en el mundo donde la mayor riqueza es el clima y el paisaje, más aun, para algunos, ese reducto constituye todo el horizonte conocido. Las cosas parecen siempre al alcance y sencillas, no hay exigencias en el vestir y muy poca dificultad para alimentarse, la vida transcurre plácida como el aire y la temperatura del ambiente, como los variados aromas de sus hierbas y sus flores. No se conoce el hielo ni la sofocación, no se sabe de tornados, terremotos o huracanes. Una especie de paraíso para las mujeres y hombres sencillos, un remanso para los más complicados, y una vía de escape para los atormentados de otras latitudes cercanas o lejanas. Nuestros cuerpos parecen flotar sin conocer el cansancio o el tedio, nuestros ojos no ven la miseria citadina ni la toxicidad llevada hasta la inconsciencia, la vida parece sonreír con generosidad incluso para los sin tierra y sin techo propio. Cuando flotas en ese ambiente todo parece en su justa medianía, no hay ropas especiales ni edredones, no hay ventiladores ni chimeneas, no hay pieles empapadas ni erizadas y nadie habla de estaciones porque no hay ninguna, es la perfecta armonía entre el cuerpo y su entorno que parece limitado por esas montañas de perfil bajo que restringen la visión lejana.
Me imagino que muchos de los cuentos que leímos encantados en la niñez confluyen en éste poblado, excepto aquellos de los helados bosques y las grandes chimeneas. No hay incomodidad ni malestar, te sientes reconfortado con el brillante sol o con las densas nubes, todo parece en equilibrio para placer de la naturaleza.
Esos son los senderos de la adolescencia sin la acechanza de las drogas y donde confluyen jóvenes despreocupados pasando días y noches hablando de nada. Ahí están caracteres no bien diferenciados unidos por el ocio y la fácil diversión sin prisas ni horarios. Se paladea el néctar de la tranquilidad y la desfachatez, con la sobriedad de una imagen congelada en el tiempo. Un lugar hecho para que nada pase.
Cuando uno está en un pueblo con esas características, no importa el tiempo transcurrido, uno vuelve una y otra vez sobre los mismos pasos, las mismas sombras y los mismos pájaros.
La plaza es el centro social de ese pequeño pueblo. El primero en llegar esa noche fue Francisco, un pelirrojo de ojos verdes, estatura media y algo regordete. Asistía irregularmente a la secundaria con muy poco interés por el estudio, pero había desarrollado una buena capacidad física producto de su trabajo de campesino de medio tiempo. Erguido como un obelisco miró a los alrededores sin ubicar a los amigos y se dejó caer pesadamente en un banco de la plaza. Era la hora en que las mozuelas iniciaban el coqueteo meneando sus recientes atributos refrescados por el vaivén de sus brillantes cabelleras.
Pasaron unos minutos para que en la baranda de la Iglesia se dibujara la silueta de Carlos el bravío mestizo de impecable peinado engominado y camisa vistosa. Cruzó la calle para incorporarse al lugar acostumbrado, la famosa banca donde en tono de broma decían que tenían ya amoldada a sus cuerpos. En ese momento, franqueando la jardinera, llegaban Beto y Pochola brincando por sorpresa sobre la cabeza de los dos. Beto era delgado, bronceado y guapo, con unos profundos ojos negros y fungía de acólito de turno de Pochola, ya una mujer de unos 22 años, a la que apodaban “come niños” por enamorar a adolescentes. Pochola, blanca bien formada con unos ojos pardos penetrantes, era la maestra en el amor para esos adolescentes que no pasaban de las manitas enlazadas y los besitos fortuitos. Ella había tenido novios más acordes a su edad que para aquellos eran verdaderos señores, pero no tenía el menor empacho en pasearse con su “lolito” del brazo y por la plaza; situación que en la comunicación poblana equivalía a una primera plana del periódico de la capital, porqué aquí todas las noticias son los chismes locales. Sólo faltaba Pedro, el más tímido que hacía todo lo posible para que no se le notara su andar citadino, estaba observando de lejos para no ser el primero y asegurarse que la reunión se diera.
Una vez completado el grupo empezaron a “viborear” a cuanta persona pasara vuelta tras vuelta, para luego ubicados los puntos empezar a girar en sentido contrario a sus intereses, para verlas pasar una y otra vez. En cada aproximación subían el tono de la voz y se prodigaban en risotadas, se trataba de llamar la atención, de ser vistos aunque no se cruzara una palabra; así una y otra vez hasta que llegara la hora del regreso, nunca deseado, a la casa familiar, retorno solo prolongado por la proyección de alguna película ranchera de los 50. Luego cada quien a su fantasía construida entre las sábanas con la esperanza de que un día pueda uno tener el romance anhelado. Los adolescentes irrumpen con fuerza desmedida en el despertar del amor y la pasión desborda a la razón.
A la mañana siguiente era domingo y en la explanada verde se levantaban con un suave deslizar las nubes bajas del verano que se disipan en la montaña. Las familias empiezan su camino a la iglesia en un desfilar de velos que cubren las hermosas cabelleras que luchan por salir a través de los encajes. Pedro tomó su vistoso sombrero y se fue a la casa de Carlos, cruzó el túnel que une las 2 calles principales y se sorprendió al verlo impecable camino de la Iglesia. ¿A dónde diablos vas? lo increpó con asombro. Acompaño a mi madre al oficio religioso respondió sin perturbarse.
- Pero cómo, si dijimos que no creíamos en las fantasías religiosas. Recuerda que eso de dios es un cuento. Ellos no hacen nada de lo que dicen, ya te olvidaste que el cura se la pasa fornicando con la costurera de la esquina.
- Si pero él me ha prometido una beca para la escuela de la Capital.
- ¿Serías capaz de ir a un internado y pasártela rezando en medio de perfumados?
- Si sirve para forjarme un futuro, vale la pena.
- ¿Serás capaz también de dejarte manosear por los curas como los de mi colegio?
- Procuraré evitarlo. O acaso a ti te ha ocurrido algo de eso.
- Claro que no, pero al que se deja se lo hacen.
- Tú tienes una mala posición en el colegio por rebelde. Yo no tengo porqué enfrentarlos, al contrario puedo usarlos a mi favor.
- Pero eso no sería honesto.
- Honesto es lo que a mí me sirve.
Cruzaron una mirada dura y Pedro aceleró el paso para ir al encuentro de Beto al que encontró en los brazos de Morfeo.
- Beto no lo vas a creer, Carlos está en la misa dominical con su familia y el cacique del Alcalde.
- ¿No que la religión le importaba un bledo?
- Dice que los va a utilizar.
- ¿Qué es eso de utilizarlos?
- Aprovecharse de ellos.
- ¿Algo como llegar al cielo?
- Tú no despiertas aun. Te veré más tarde.
Pedro fue el único alterado, Francisco y Pochola mostraron indiferencia por el hecho, es más, Pochola comentó que el cura era un tipo interesante que tenía su lado bueno. Finalmente no era un asunto importante y quedaría por el momento en el olvido.
La vida volvió a la rutina mientras Beto y Pochola retozaban en la verde grama de una explanada perfumada por el aroma de los cedros y naranjos, deslizándose en la humedad matutina de la alfombra que la naturaleza pródiga es capaz de ofrecer.
- Pienso Pochola que tú no quieres a nadie de verdad. Juegas a la seducción con todos, pero fundamentalmente con aquellos que sirven a tus intereses.
- Creo que te equivocas, soy simplemente amable y sociable. La gente me aprecia.
- ¿Porqué estás conmigo que soy todavía un crío?
- Me gustas, me cautiva tu forma de ser y además me apoyas para que pueda ahora si ingresar a la universidad. Los 2 últimos exámenes fueron muy difíciles, pero ahora tomé mis previsiones, ya conozco a varios de los profesores y ayudantes. Además no me gustaría ser la cocinera de un chofer de autobús o la niñera de un terrateniente.
- Yo también quiero ingresar a la universidad, pero como ingeniero, tú tienes más facilidad para el dibujo y más sentido estético. Serás una señora arquitecta.
Pochola puso su cara de melcocha derretida y se fundieron en un tímido beso, luego tras sacudirse la ropa caminaron hacía el poblado viendo como revoloteaban la golondrinas a ras de la hojarasca. Nada hacía suponer que más tarde, al llegar el autobús de la Capital, Pochola se entregaría en los brazos del chofer al que no quería cocinar.
Francisco en cambio no se complicaba la vida y no tenía prisa por los noviazgos. Él prefería su trabajo de campo de medio tiempo y la holganza vespertina. Le gustaba sentarse en la vereda de la esquina de la plaza con Pedro a conversar de todo y de nada.
- Pedro tu eres un soñador enamorado del amor sin concretar nada. A mí las mujeres me aburren y no tengo el lenguaje apropiado para tratarlas. Soy rudo y cortante.
- Yo no puedo evitar estremecerme cuando pasa alguna de ellas. Siento ese aroma que me eriza la piel y me quedo mudo, como electrizado.
- También sufres cuando el Alcalde trata mal a esos indios de mierda, como si no se lo merecieran por flojos y cochinos.
- Ese infeliz y el cura están igual de torpes y corruptos, están a favor de los que los explotan por un jornal miserable y se apropian del dinero de todos.
- Es que así es la vida, nosotros estamos del lado de los blancos dominantes y no estamos para redimirlos. Yo no los maltrato, pero no sufro por ellos ni me voy a enemistar con los patrones.
- Pero si tú apenas tienes una pequeña parcela que no es la décima parte de las fincas de mis parientes. Te tienen subordinado y te hacen pensar como ellos.
- No me importa mucho. Cuando tú cambies el mundo me avisas.
Francisco se puso de píe y cruzando la calle se introdujo en la sala de billar donde se realizaban los grandes desafíos de los mayores. Entre risas y apuestas los menores tomábamos partida por alguno de los contendientes.
La revolución democráticoburguesa había llegado recientemente, pero la práctica feudal todavía estaba presente.
Esa era la vida de cuatro adolescentes y una mujer casi adulta rezagada por algunos tropiezos académicos, pero dispuesta a subir en la vida.
Pedro el hijo de terratenientes en decadencia con sueños de redentor. Carlos el mestizo astuto que se acomoda a las circunstancias. Beto el escogido de la calculadora Pochola y siempre dispuesto a darlo todo a cambio de nada. Francisco el campechano de la vida sencilla, la visión corta y la inocencia sana del pueblerino. Ninguno, excepto Pochola, pensando en serio en el futuro. Cómplices y aventureros fortuitos de las cortas temporadas vacacionales, cercanos y la vez muy lejanos, incapaces de imaginarse todavía un verdadero proyecto personal y proclives a la vida fácil y el inmediatismo.
Sin pensarlo, sin planes, sin llantos ni despedidas, a la hora y el día no señalados se separaron, sin rumbo definido para seguir sus propios caminos. Atrás quedaron las risas francas y los forcejeos amistosos, las bromas punzantes y las algarabías.

Cap. II. Carlos
Tras sus coqueteos con el cura y la iglesia consiguió un lugar en el colegio religioso de la Capital. En esas épocas ingresaban como internos y eran exclusivos de varones o mujeres. Éste oscurantismo medieval sólo fomentaba el morbo y la homosexualidad muy evidente en algunos curas.
Al principio sufrió mucho porqué desaparecieron los momentos de ocio y placer que permitía la escuela laxa y los tiempos libres del poblado. Ahora tenía sólo tareas, libros por delante y muchos rezos y misas. Compañeros diversos pero poco confiables, los blancos veían con recelo a los mestizos, pero todos rápidamente reagrupados entre dóciles y sumisos contra los cuestionadores de la vida.
Pasaba largas noches dialogando y peleando contra su conciencia y las sombras de los proyectos que habían forjado con los adolescentes del pueblo en largas veladas. Pero, para no tener malos pensamientos las misas se sucedían diarias una a otra interminablemente.
- Mi querida conciencia, te pido que no me atormentes con la dudas de ese dios todopoderoso. Déjame conquistar el mundo de los triunfadores con la venia de los curas.
- ¿Pero estarías dispuesto a compartir la mesa con el transportista que se niega a levantar la fruta de un campesino que cometió el pecado de haber tomado otro medio de transporte en alguna ocasión. Te sentarías con el cacique del alcalde que le niega agua al bajo poblado mientras llena las piscinas de los poderosos?
- Es muy difícil, pero la vida es así. Unos nacen o se hacen dominadores y otros dominados. Yo me estoy esforzando para estar arriba porqué ese dios nunca quiso un mundo igualitario.
- ¿Pero tendrás que mentir y hacer cosas desagradables?
- No conozco a ningún rico en cuyos antecedentes no haya rapiña, aunque tengas que remontarte a los tatarabuelos. Toman lo que se merecen por listos y trabajadores, los otros son tontos y flojos, por eso están como están.
Carlos era inteligente, pero rápidamente comprendió que no era indispensable pasarse la vida en las escuelas y universidades para trepar. Bastaba tener buenos contactos para que una vez alcanzado el bachillerato pueda sentirse libre y volar. Uno de sus compañeros del internado resultó ser el hijo medio descarriado del dictador de turno y pudo tener acceso a la hermana menor a la que cortejo con tenacidad y empeño. Las cosas en principio no fueron sencillas ya que el padre veía con desconfianza a Carlos, tuvo que ingresar a la Facultad de Derecho y trabajar de lo que se pueda para sostenerse mientras lograba los favores del general.
Durante toda la carrera se las ingenió mediante corrupción y amiguismo para ir sorteando requisitos y exámenes, él sabía que no ejercería la profesión ni ganaría el pan con el sudor de su frente, simplemente tenía que casarse con la hija del general. Y llegó ese día que cambiaría su vida para siempre.
- Buenos días. Mi general.
- Siéntate Carlos.
- Creo que Ud. ya está enterado que Isabel y yo pretendemos formar una familia.
- Es algo que Uds. deben definir. Yo sólo te digo que en mi familia y en mi gobierno no aceptamos comunistas. Tengo entendido que tienes amistad cercana con ese tal Pedro del Colegio de Médicos que se ocupa de socavar el gobierno y defiende a los terroristas.
- Es simplemente un conocido general. No compartimos ideas ni acciones. Ud. sabe muy bien que yo soy un rotario y reconocido ex alumno de los cristianos.
- Recuerda siempre que no hay nada en el país que yo no me entere. A los amigos todo, a los enemigos palo. La Patria es nuestra y la muerte es para ellos. Con mi hija y mi familia no se juega, quiero confiar en ti.
- No tenga ningún cuidado creo que he demostrado mi compromiso con el régimen y lo más selecto de nuestra sociedad.
El rostro generalmente impasible del militar esbozó una sonrisa de aceptación y complicidad, extendió su mano hacia el pretendiente y franqueo la puerta.
Carlos al salir apretó los puños y exhaló un estentóreo grito de satisfacción, lo había logrado y conseguiría lo que había soñado, tener mucho dinero, algo que ningún abogado lograría en toda una vida de esfuerzo honesto.
Empezaron a llegar las grandes oportunidades debutando como gerente de la oficina de comercio internacional, es decir el control sobre todo de lo que entra sale del país. Bastó con eso para enriquecerse sin límite, incluso llegó al narcotráfico llevando sendas remesas a EE.UU. y Canadá. Se paseaba en autos deportivos y motocicletas extravagantes por todos los rincones del país, sin el menor pudor y compartiendo fechorías con la élite de la corrupción.
Un día, en tiempos menos favorables, se reúne con los capos de la agroindustria y la ganadería de la región atrincherados en feudos de privilegio.
- ¿Cómo estás Carlitos? Hace tiempo que no te veíamos por ésta tierras generosas de tu suegro.
- Es que ahora son tiempos más difíciles desde que murió el general. Hay una persecución de resentidos y envidiosos, los mismos que los están perjudicando a Uds.
- Es que necesitamos restablecer el orden como tu suegro. Acabar con esa bola de haraganes y comunistas que antes estaban a raya.
- Hay que hacerlos desaparecer antes que vengan por nuestras tierras o nuestro ganado.
- Cada vez hay menos respeto por los patrones. Es algo intolerable.
- Por eso hay que tener una buena reserva de dinero fuera por si acaso. Sacar lo más que puedas a los EE.UU. Al menos eso recomienda el mismo embajador.
- Pero tenemos suficiente dinero y apoyo de los gringos para restablecer el orden. Tenemos a los jueces de nuestro lado, a los alcaldes y los gobernadores.
- También podemos pagar y armar gente para sacarles la mugre.
- Claro, no estamos dispuestos a perder el fruto de nuestro trabajo. Como decía aquel coronel “no quiero heridos maten a todos esos perros comunistas”.

Carlos algunas veces se ponía a reflexionar en las noches de sobresaltos con su conciencia que se enfrentaba a su conducta, casi siempre racionalizaba encontrando explicaciones satisfactorias a su andar.
Su paso por la escuela religiosa fue marcándolo con el modelo de reproducción del sistema. “A dios rezando y con el mazo dando” era el mejor reflejo del doble discurso que caracteriza a la clase dominante ligada a la órdenes religiosas. La compasión y la caridad sirven de bálsamo a la rapiña y el abuso. El colegio era un sistema de moldeamiento forzoso y recaudación de fondos para la orden y la iglesia, se suponía que el mismo Papa recibía parte de la recaudación a título de apoyos y misiones de salvación. El arte de acomodarse, primero en el sistema y luego en la elite del mismo, era algo apetecible sino se tenía escrúpulo. Carlos, procedente de las capas medias bajas decidió no ser de los pobretones al precio que fuera.
Inmediatamente se ganó la confianza de la jerarquía religiosa con su inteligente servilismo y luego se estableció como colaborador informante. Fue parte del aparato de espionaje de los alumnos a los que seguía en todos los movimientos, sobre todo los que implicaran incumplimiento de los rituales religiosos y las caídas en graves tentaciones como las fiestas o los noviazgos. Participó en la presión, amenaza de infierno y expulsión del colegio de los impuros, para más tarde ser informante de autoridades universitarias y policías respecto a las tendencias políticas de los estudiantes. Con cumplir, con un mínimo de lecturas y tareas, se puede acreditar la carrera si se cuenta con esa empatía con el sistema además del servicio de soplón.
Para la escuela alineada, lo ideal es forjar ovejas convencidas de un mundo irreal, pero Carlos no era una oveja sino un lobo que sabía moverse entre lobos sin que éstos se dieran cuenta necesariamente. Cuando llegó a tener fortuna, siempre procuró que otros hicieran el trabajo sucio de cuidársela y sólo cuando las evidencias aparecían en procesos legales públicos, asumía un rol más activo para enterrarlos en los recovecos jurídicos y la compra de favores.
En una ocasión coincidieron con Pedro en un evento social, ambos se evadían en la vida, pero aquí fue inevitable y se dio el enfrentamiento.
- Parece que te va muy bien.
- Lo dices con sarcasmo de reproche o envidia, le respondió Carlos.
- Es que yo te conocí trabajando de todo para poder estudiar y ahora ostentas riqueza.
- Producto de mi trabajo sin duda. Yo si me he dedicado a algo productivo en vez de estar grillando en eterna oposición a todo como tú.
- ¿Cuanto pueden pagarle al mes a una persona para acumular millones?
- Lo que se merezca por su talento y habilidad. Los flojos y torpes están como están por eso, por flojos y torpes. No saben hacer negocios.
- Yo no me considero flojo ni torpe.
- Pero te peleas con los poderosos y pateas el pesebre.
- La mayoría de la gente trabaja mucho y tiene poco. La mayoría no se pelea con los poderosos ni patea pesebres.
- Pues allá ellos, deberían buscar la forma de que les vaya mejor.
- Es que sólo algunos se pueden casar con la hija de un dictador que reparte el pastel. Sólo algunos pueden acumular riqueza.
- Si me quieres insultar no te lo permitiré. Yo soy un abogado exitoso con o sin la hija del dictador.
- Pero los cargos que ocupaste no son producto de un concurso de méritos u oposición, son otorgados a dedo. Tú no tienes más formación académica que yo y que muchos otros, ni siquiera un buen registro universitario.
- Mira sabes muy bien que eso no es suficiente, a veces ni necesario. Siempre tendremos dominadores y dominados, pobres y ricos. Si tu quieres ser de los de abajo sigue igual, sino ponte listo.
- Es que eso se puede cambiar y deberíamos hacerlo cuanto antes.
- Está bien cuando lo hagas me avisas o me daré cuenta seguramente. Pero mis abuelos y yo nacimos en éste mundo real y no creemos en el mesías.
- Es que la humanidad no ha tenido siempre ricos y pobres, dominantes y dominados.
- Pues la historia que leímos dice que así fue. ¿Inventaste algo tú?
- Es que la historia que tú aludes es la sesgada, la que relata acontecimientos fuera de todo contexto interpretativo y en un sentido conservador. Es que ni en la escuela ni en la universidad te indujeron al materialismo histórico, a ver los acontecimientos en su contexto socioeconómico y en un sentido de cambio progresivo. Los pobres y ricos aparecieron con la formación de las clases sociales, unos se apropiaron del excedente económico en detrimento de los demás. Pero eso no será eterno.
- Eso suena a comunismo. A que todo es de todos. Todos iguales trabajen o no trabajen, tengan talento o no. Es lo peor que puede ocurrirnos.
- El comunismo no ha existido aun en ninguna parte, apenas estamos intentando llegar al socialismo donde no hay otra igualdad que la de oportunidades, no igualitarismo a ultranza. Eso sí, las trampas y negociados serían poco posibles.
- Si se de que trata. Perdería mis ahorros bancarios, varias de las casas que tengo cerradas o rentadas, mi flotilla de autos de colección, los ranchos del oriente, mi avioneta y los viajes por el mundo. Todo eso me ha costado mucho trabajo y no estoy dispuesto a perderlo.
- Nadie perdería su propiedad personal, pero tener casas cerradas e inmensas extensiones de tierra obsequio de gobiernos autoritarios, sin cumplir con una función social ni productiva, es inaceptable.
Carlos tomó fuertemente a Pedro del hombro y le dijo. Si se meten conmigo o mi familia se mueren. Tengo suficiente valor y dinero para formar un ejército para acabar con los comunistas. No será la primera ni la última vez que los barremos de la faz de la tierra.
- Pero ellos tarde o temprano vencerán, son una gran mayoría y tienen los mismos derechos a ser felices que nosotros.
- Pues que se pongan a trabajar como yo y mi familia. Que no se metan conmigo que no soy de esa clase de chusma.
- Te olvidas que estuviste muy cerca de ellos, pero aun si fueras de tradición burguesa puedes comprender razones históricas y científicas.
- La única razón son mis intereses y mi patrimonio.
- Podrías imitar a tantos ricos que desplazaron sus intereses por la verdad y la justicia.
- De esos idiotas no hay ninguno que yo conozca.
- Marx, del que dicen los neoliberales que está muy muerto era soportado económicamente por su amigo rico Engels, otros llamados utópicos también desbarataron sus fortunas en proyectos soñadores, ahora mismo hay ricos que aportan sinceramente a los procesos de cambio. Claro que son una minoría y eso no es suficiente para transformar la sociedad. Pero el día que los más estén convencidos se dará el cambio, aunque los menos hagan lo imposible por evitarlo.
- Es una advertencia o una amenaza. Si es necesario un Pinochet lo tendrán. Si mi suegro dejó algunas cuentas pendientes y conspiradores sueltos, lo arreglaremos de cualquier manera.
- Yo te invito a la reflexión y la lectura. Si después de leer el origen de la familia, la propiedad y el Estado, materialismo dialéctico e histórico, El Capital y el socialismo científico, estás sinceramente decidido a seguir igual, es que no hay sensibilidad y razón posible en tu vida.
- No me vengas con sermoncitos y recetas de vida de lecturas ya superadas. Soy grandecito para ver lo que a la vista está. No vamos a regalar nuestro trabajo, en último caso nos llevamos el dinero a EE.UU o los paraísos fiscales, pero eso está por verse y no te nos atravieses en el camino.
- Ni siquiera necesitas irte, parecen tan tolerantes y pacientes que nada le han quitado a nadie, sólo tomaron de los que es de todos y antes era sólo de unos privilegiados, eso es lo que han repartido a los que menos tienen. Tus hijos siguen asistiendo a los colegios exclusivos, tienes servidumbre, tu mujer sigue comprando en las tiendas de marca, puedes emborracharte en el Country Club y otra cosas más.
- Porqué no nos hemos dejado, pero si pudieran lo harían. Tendrán que hacerlo sobre nuestros cadáveres.
- Hasta ahora sólo se ven cadáveres de ellos y siguen pacientes y respetuosos.
- Los podemos matar a todos si es necesario, tenemos el apoyo de EE.UU en dinero y armas, podemos comprar conciencias y formar guardias propias, somos blancos e inteligentes, la chusma no podrá imponerse a pesar de los agitadores profesionales como tú.
- Eso es fascismo.
- Fascismo es Hitler o Castro. Nosotros nos defendemos de su agresión.
- Hitler si era un fascista propiciado por capitales como los que tú refieres. La dictadura más brutal del capital financiero e industrial alemán. Castro no tiene ningún capital, ni casa propia, ni cuentas bancarias ni nada que heredar. Lo más que podrías decir, sin razones, es que ejerce una gran autoridad sobre su pueblo, y que tiene una minoría detractora. No pretende conquistar ningún mercado ni países para expandir un imperio. Ha tratado de construir el socialismo con errores y aciertos.
- Todo dictador es malo.
- Siempre que tenga los requisitos del dictador. Veo más como dictador a tu suegro que a Castro.
- No te metas con mi familia, yo no me meto con los cuernos que te puso tu ex mujer o con los deslices de tus hermanas.
- Mi ex mujer y mis hermanas no son de interés público, tu suegro si porqué es responsable de lo que nos pasó a todos.
- Mira no te doy una trompada o te mato porqué fuimos amigos, eso dije fuimos.
Carlos tomando hasta el fondo la copa de vino que portaba salió del salón de la fiesta y se perdió en el contorno de la fuente. Pedro disgustado, pero no sorprendido, se dispuso a retirarse con el sabor amargo de la confrontación, pero sobretodo por no haber podido sembrar un poco de razón entre quienes ven sus intereses y privilegios por encima de todo. Su ex amigo era un nuevo rico sin escrúpulos, oportunista y corrupto, incapaz de humanizarse y sentir vergüenza por un mundo cruel e injusto. Carlos era capaz de formar escuadrones para sembrar la muerte y el terror entre los pobres que aspiran a apropiarse de su propia tierra.
El día que perdió sus privilegios, pero no su fortuna, inició su lucha contra el gobierno popular. Frecuentando los cafés y bares donde al calor del alcohol, tabaco y drogas se jactaba de su éxito y poder omnímodo. Hoy se reúnen para mostrar su indignación por el cambio con la seguridad de que no durará mucho el disgusto, pero por si dura más de lo previsto, empezar la conspiración y el reclutamiento de sicarios.
- Hola Carlos donde te habías metido. Pesábamos que te fugaste a los EE.UU.
- Miren jovencitos yo no soy de los que se rajan. Ahora mismo vamos a empezar a escarmentar esos comunistas de mierda y la bola de indios que los siguen.
- Si, ya es el momento porqué hasta las sirvientas respingan, mira no más, se han adueñado de las plazas y hablan con firmeza. Como nos hace falta el general para ponerlos en su lugar. Creo que nos confiamos demasiado en los de la Corte Electoral. Falló el algoritmo del conteo o nos traicionaron.
- Por lo que hubiera sido ahora hay que derrocarlos y sentarles la mano. Hay mucho dinero para ello, incluido el de los gringos.
- Hay que organizarse con grupos armados en las haciendas y en la ciudad. Que les quede claro que el que se oponga lo matamos.
Los de arriba y los del medio están con nosotros. A los de abajo con toda esa chusma simplemente paralizarlos, sino es suficiente una golpiza hay que matar unos cuantos o muchos si es necesario.
- El dinero está listo, así que empiecen a reclutar jóvenes entre los desocupados, pero que estén decididos a todo.
- ¿Tu los vas a golpear o matar?
- Si es necesario por supuesto. Pero para eso pagamos en todo caso.
- ¿Cuál es el plan de operaciones?
- Primero respetar el mando que estará a cargo de nuestro camarada Gilberto.
- Pero si ese fue policía y luego narco. Además fue el que fusiló estudiantes cuando se encumbró tu suegro.
- Justamente por eso necesitamos alguien temido y respetado. ¿Salvo que alguno de Uds. pueda hacerlo mejor?
- ¿Pero qué haremos?
- En las haciendas intimidación a los campesinos, escarmientos severos con los rebeldes y hacer desaparecer todo apoyo al gobierno. En la ciudad vamos a tomar a bala todas las oficinas gubernamentales y las de organizaciones progubernamentales.
- ¿Con sólo eso se caerá el régimen?
- Claro que no. Hay que generar la adhesión de ejército y hay algunos mandos que se irán sumando. Los medios de comunicación se encargarán de azuzar a las capas medias y sectores bajos confundidos.
- ¿Y si no resulta?
- Lo haremos las veces que sea necesario, pero estos comunistas se mueren o se van.
Los comunistas no eran tales, resultaban ser más demócratas y tolerantes, pero no estaban dispuestos a morir ni irse. No parecía suficiente la fuerza de una élite fascista delincuencial para restablecer el viejo régimen. Pero ellos están y seguirán estando convencidos que tarde o temprano lo lograrían a cualquier precio, pero sobre todo por la colaboración de EE.UU. y sin pasar apuros ni privaciones, amparados en sus grandes fortunas mal habidas de las cuales les permitían disfrutar los “comunistas”.
Ya pasaron los tiempos del despojo a manos llenas de las arcas fiscales cuando con buen olfato logró acomodarse en puntos clave de la administración pública, en lugares que no fueran tan vulnerables al escrutinio de la prensa o de los curiosos. Dada la larga historia de impunidad de gobiernos sucesivos, era impensable en que algún día tuviera que rendir cuentas. La cosa era muy sencilla, para cualquier importación o compra se aceptaría la coima y se aplicaría un sobreprecio, y para las ventas lo contrario usando el subprecio . Por otro lado siempre había gente dispuesta a pagar bien por los favores del general, sobretodo en el reparto generoso de tierras del Estado para constituir nuevos latifundios. Como tanto dinero no se podía gastar, inició el proceso de compra de bienes exóticos a nombre propio y de prestanombres, cuentas secretas en el exterior y hasta las megas alcancías.
Un día, de los habituales paseos por zonas tropicales exóticas y lejanas de las grandes urbes, se topó con un enclave de ríos y selva deslumbrante, le gustó tanto el lugar que decidió apropiárselo. Averiguadas las cosas resultó ser parte de una zona indígena protegida donde habitaban comunidades originarias respetuosas de la naturaleza. Pero eso que importaría en un régimen fascista, todo era cuestión de hablarlo con el general. Entonces en aras del progreso y el desarrollo enviaron un grupo armado paramilitar para delimitar la zona y “convencer” a los originarios. Se acordonó el lugar mediante cercas de alambres de púas y se inició la limpieza. La figura jurídica fue “Desarrollo Turístico” y con gran rapidez aparecieron los títulos de propiedad. Los originarios intentaron resistir, pero con uno o dos muertos al cruzar los límites se resolvió todo. Muy pronto empezó el desfile de embarcaciones de la fuerza naval llevando todo tipo de material de construcción y muchos soldados levantando el predio. En menos de un año surgió un lujoso hotel para turismo ecológico y para deleite de la red de corrupción. Allí Carlos llegaba muchos fines de semana con amigotes, paramilitares y mujeres para armar bacanales. Avionetas oficiales de la fuerza aérea los trasladaban a una pista relativamente cercana y de ahí surcaban los ríos en lanchas rápidas, por supuesto armados hasta los dientes. Allí también confluían capos del narcotráfico que su suegro el general fomentaba y protegía. Cuando llegaron los malos tiempos el hotel apareció asignado a otro nombre de origen extranjero. Al fin y al cabo estaba preparado para todo y dinero sobraba dentro y fuera del país.
Un día al fin la justicia cayó sobre él, la pena de cárcel fue pequeña por las argucias jurídicas, pero al menos pagó una parte de sus fechorías.

Cap. III. Francisco
Nuestro rubio y descuidado personaje perdió rápidamente a sus amigos del poblado y no tuvo interés ni oportunidad de irse a la Capital. Continúo cuidando y cultivando su pequeño predio, con sus bajas exigencias económicas lograba sobrevivir sin mayores sobresaltos en una rutina gris que le devora la vida. Conoce a todos y todos los conocen, pasa de puerta en puerta y de casa en casa con la inercia de la vida campirana sin afanes capitalistas.
Se refugia en su pequeña familia constituida por la anciana madre y la hermana mayor que se encarga de llevar adelante los menesteres hogareños. Nunca tuvo una pareja y nadie sabe de aventuras impulsivas en un medio en que todos están enterados de todo. En una ocasión y después de varios años se encontró con Pedro en la Central de Autobuses, a los dos se les iluminó los ojos y mientras llegaba la hora de subirse al transporte se enfrascaron en una larga charla.
- A que te dedicas ahora.
- A lo de siempre, navegar por la vida, pasarla día a día. Reírme de los demás y de mi mismo. Muy diferente a tus correteos citadinos.
- Lo mío no es lo mejor porqué remo contra el sistema que todo se lo traga. Avanzan más los que tranzan con ellos, los que siempre quedan bien, los que se reservan sus opiniones y los sumisos.
- Yo no tengo problemas con nadie. Aquí estamos lejos de las grandes vicisitudes, el Alcalde se aprovecha de las migajas y los privilegios, manipula votos y conciencias, pero no se mete conmigo. Yo no quiero ni me quieren para Alcalde, no tengo ideas ni discurso, simplemente no me interesa.
- ¿Tienes pareja, novia, algo por el estilo. O sigues burlándote de los enamorados?
- El tener pareja es sumarte un problema, tienes que lidiar con el entendimiento y las demandas económicas, luego vienen los hijos y dejas de rascarte la panza.
- ¿Qué quieres para el futuro?
- Vivir mi vida en paz, sin que nadie me diga lo que tengo que hacer, o si lo hago bien o mal. Además bien o mal desde una óptica que no está garantizada como correcta o apropiada. Aquí la vida tiene un horizonte cercano que termina a la vuelta de la esquina o la parcela, nadie se pone a pensar lo que ocurre en China o en las playas que no conocemos. Nos aferramos a ese pequeño universo de aparente paz y neutralidad.
- ¿Qué hiciste ayer por ejemplo?
- Mira tú sabes que me levanto cuando se me acaban las ganas de dormir, todo depende a qué hora te hayas acostado. Generalmente no más de las 7 u 8 de la mañana. Me voy a la parcela donde llegó después de algunas conversaciones fortuitas en el camino. Reviso que no hayan novedades, luego a ocuparse de lo que corresponda respecto a las hortalizas y los frutales, dar de comer a los animales y pensar en que comer entre tubérculos, verduras y plátanos. Una vez que empieza a declinar el sol emprendo la marcha del regreso, ahora si matizada de frecuentes charlas con los estantes o caminantes. Luego llego al pueblo con los frutos de la tierra generosa, tanto para las dos mujeres de la casa como para el excedente comerciable para comprar lo que no se consigue en la parcela. Finalmente, luego de un baño refrescante y el cambio de atuendo, al chisme en la plaza del pueblo.
- Es increíble cómo se puede simplificar la vida, no necesitas títulos, ni bancos, ni te ahogas en el tráfico, no tienes que pensar en escuelas ni universidades, al diablo las tarjetas de crédito y podrías ser hasta feliz. Lo más importante, no te preguntas dónde estás y hacia dónde vas, no hay estados pre jubilatorios o jubilatorios que nos atormentan, etc.
- Ni siquiera nos preocupa si la dentadura se va cayendo y si nos vemos bien para ir a una oficina o una boda.
Cuando llegó el momento de separarse se abrazaron sin decir palabra y cada quien siguió el camino sin retorno ni modificaciones, sin percatarse siquiera de aproximaciones y distanciamientos, sin buscar explicaciones ni reproches, sin luces y sin sombras.
La vida de Pancho parecería gris y monótona, pero ¿desde qué punto de vista? Si consideramos que vivir es correr tras el éxito y los reacomodos en escenarios cada vez más altos socioeconómicamente, probablemente sí. Pero para su horizonte él era feliz a su manera, dormir cuando lo necesitaba, trabajar sin otra presión que la subsistencia diaria en un marco bajo de exigencia, verbalizar y reír con quien estuviera al alcance, comer lo que sea, beber lo que sea, sentir poco, recibir el afecto de la madre y la hermana sin muchos altibajos, sin crisis ni problemas mundiales.
Cuando llegó la época del cambio Pancho no estaba bien enterado que la regla del fraude y el miedo había sido sorpresivamente derrotada. Tampoco sabía que sus tierras eran pequeñas y poco productivas, comparadas con las otras regiones, donde florecía el latifundio explotador de miles de campesinos. Hasta que llegó un día un viejo peón conocido que trabajó algunos años en una finca relativamente grande y decidió irse a las tierras en auge.
- Casi no te reconozco hermano. Te ves muy fregado o te enfermaste.
- Fregado si estoy porqué allí el trabajo es duro, te tratan como a esclavo. No hay domingos ni festivos, comes mal y duermes en barracas.
- Pero todos dicen que se produce mucho y se gana mejor.
- Si se produce mucho y hay maquinaria, pero el mejor salario te rinde menos que acá. Empiezas endeudado y acabas endeudado. El patrón tiene guardias armados y tu vida no vale nada. Además ahora empezaron a rondar gente del nuevo gobierno y hay algunos que quieren ponerse contra el dueño, incluso dicen que pueden reducirle las tierras y eso es muy peligroso.
- Entonces tuviste miedo o te cansaste del rigor del trabajo.
- Las dos cosas, prefiero morirme aquí que venadeado por los esbirros del patrón o muerto de cansancio.
- Mira la verdad es que por aquí estamos más tranquilos. Yo espero que no vengan los del cambio y se metan con nosotros. No quiero revoltosos por estos lugares.
- Pero si tú tienes una pequeña parcela. El ajuste es con las grandes haciendas.
- Si pero esos indios son abusivos y pueden quedarse con lo poco que he logrado. Ya ves que luego se van sobre lo hecho, son flojos y aprovechados.
- Bueno yo soy uno de ellos ¿Me ves flojo y aprovechado?
- Tú eres mi amigo, el problema no sería contigo.
- Pero no te pongas de lado de los grandes tiburones siendo un pescadito. El problema es que a veces te convencen que eres uno de ellos o al menos que debes defender sus privilegios porqué estás muy cerca de ser como ellos. No compadre hay que ubicarse.
- Que no se metan conmigo ni con mi familia.
- No tienes realmente nada que perder. Yo tampoco. Corremos quizás el riesgo de ganar algo.
La charla dejó a Pancho pensativo, nunca hasta ahora se había visto en plan de pensar o reflexionar sobre su vida, menos preocuparse de la de los demás. Había visto pasar uno tras otro a los caciques del pueblo sin que nada bueno pasara. ¿Acaso podría ocurrir algo diferente a la vida rutinaria y agradable? ¿Serán posibles otros mundos diferentes? Eso no le quitó el sueño por supuesto, pero su horizonte se movió, le dieron una sacudida.
A partir de esa charla Pancho empezó a dotar de contenido a las imágenes cotidianas, como si de repente empezara a ver el espíritu de los que le rodean. Todo antes era natural y no había necesidad de reflexionar al respecto y menos pensar en modificarlo. Era claro que los patrones tenían el estilo y la inteligencia que los hacía superiores, destinados al mando y el disfrute de los bienes materiales que generaban los peones. Esos indígenas eran muy ignorantes y torpes, por lo que era muy plausible que lo patrones les permitieran vivir en sus tierras y hasta garantizarles el sustento. El mismo era un blanco, que si bien no tenía una gran extensión de tierra, podía sobrevivir de la pequeña finca heredada de sus padres gracias a sus bajas necesidades.
Ahora las cosas no cuadraban tan fácil, comprendió que había otro mundo real y posible, que en realidad todos podíamos aprender y hacer todo lo necesario para vivir bien, que los peones podían llevar adelante la producción agrícola sin los patrones. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y su mente empezó a funcionar como nunca antes.
Ese día se levantó más temprano que de costumbre y se fue caminando hacia la casa del gran hacendado, la puerta principal de acceso casi siempre estaba entreabierta, entró por el pasillo sintiendo a su alrededor el aroma y la respiración de los peones que dormían en los cuartos alineados a la izquierda. En uno de ellos se extinguía una vela colocada en frente de una imagen irreconocible. Allí sobre el suelo de mosaico rústico se extendían los elementos de las cabalgaduras que servían de colchón y frazada a la vez, el baño era la misma caballeriza y el agua la tenían en una llave del patio en una especie de lavandería. En la parte alta estaba el hotel de tres estrellas de los patrones. Al terminar el largo pasillo lo alcanzó con paso acelerado y decidido una mujer de mediana edad, todavía despeinada y ajada por el polvo. Se dirigía a la cocina para prender la hoguera aprovechando las brasas todavía ardientes de la noche previa. Se iniciaba el proceso de la partida a las labores cotidianas.
Había querido ver eso con sus nuevos ojos. ¿Cuál era la vida real de aquellos hombres y mujeres sin techo propio ni tierras? Vivían en un clima templado y con un campo muy productivo, hay quienes decían que se tiraba la semilla como cayera y venía la gran cosecha. Pero a pesar de ello no vivían bien y no eran felices, aunque muchos de ellos ni siquiera se daban cuenta de su desgracia. Creían tener más de lo que se merecían. Creían comer y dormir bien. Jamás pensaban en el futuro lejano porqué quizás no había futuro. No había nada que aprender fuera de la preparación de la tierra, la siembra, el desyerbado y la cosecha, no se necesitaba más excepto algo de alcohol para olvidar.
Francisco vio que algo parecido le sucedía a él en un grado un poco menor, era patrón y peón a la vez, tenía muy poco excedente y era víctima de los intermediarios. Aunque de vez en cuando iba hasta la gran ciudad a vender sus productos, los beneficios no eran mucho mayores. Estaba más cerca del pasillo que de la planta alta en esa escala de mediocridad capitalista semifeudal de bajo nivel de desarrollo. Los tres escalones parecían adormecidos en sus magros logros y todo parecía indicar que así seguirían las cosas por los siglos de los siglos.
Volvió sobre sus pasos sintiéndose un intruso y sin identificarse como parte de ese mundo hurgó en sus limitaciones. Se lamentó de no haber seguido la escuela, de no abrirse al mundo y apreciar la diversidad de horizontes. Vio con claridad, que aun en su pequeño mundo, hay suficientes medios de vida para todos, pero no están siempre accesibles o están mal distribuidos. Las frutas se pudren en los árboles porqué no alcanzan a recogerlas a tiempo o porqué el precio de venta es tan bajo que no vale la pena hacerlo, las vacas se mueren en las barrancas sin que puedan llegar a las mesas; y a pesar de todo esto, la ley dice que no puedes comerte una fruta de un terreno extraño ni comerte un filete a hurtadillas. En una ciudad hay muchos que se quedan sin comer, aquí no porqué siempre hay algo a la mano, aunque sea unos huevos de animales silvestres, pero no estamos todos bien, sólo sobrevivimos.
Qué horrible y a la vez que apasionante, es el despertar de la conciencia. Ver lo natural y cotidiano, como algo capaz de ser modificado por nosotros mismos, es liberador. Pero a la vez que incomodo salir de ese equilibrio vital que nos tenía en paz con la realidad. Tener que pensar cada vez más profundo da dolor y placer.
Durante varios días, estuvo luchando con ésta su nueva conciencia, hasta que decidió volver a lo de siempre para evitar la locura que lo acechaba. Él creía que ya no era lo suficientemente joven para cambiar radicalmente su vida. ¿Qué les diría a su madre y hermana? Las haría sufrir, al extremo de verlo como poseído por el demonio. Además que ganaría sólo, en ese mundo de fantasías que no podían realizarse.
Siempre recuerda el día, en que por primera vez retornaban temporalmente sus amigos al pueblo. Venían eufóricos tras la primera batalla por el desarrollo personal. La nostalgia por el pueblo ya no era obstáculo para sus ambiciones, pero necesitaban nutrirse del aire campirano y el recuerdo de los sueños sencillos que conservaba intactos Francisco. Otra vez quedaría solo con el aroma de sus árboles, el canto de los grillos, el correr del agua, la banca de la plaza y las guapas adolescentes revoloteando en el entorno. Acaso no era suficiente toda esa belleza, porqué necesariamente tenía que correr por la fama, el dinero y la comodidad. Acaso la ciudad u otros mundos más lejanos serían mejores. Porqué buscar el frio nevado o el calor infernal, la cárcel de cemento y las aglomeraciones, los atropellos y los asaltos, las guerras y las pasiones desbordadas. Serían mejores y más felices sus amigos, se preguntaba una y otra vez, sin que apareciera ninguna señal en el horizonte.
Finalmente llegaron los tiempos en que la frutas y verduras eran muy poco rentables frente a la coca, tenía que elegir entre las exigencias del nuevo mercado y su tranquilidad.

Cap. IV. Beto
Cuando Pochola marchó a la gran ciudad Beto la siguió como arrastrado por un magnetismo incontrolable. No estaba seguro de quererla, pero necesitaba su cercanía y no se imaginaba que había sido desechado por ya no ser útil a la nueva etapa de ambiciones de Pochola.
Inició un trabajo como asistente en una oficina pública y poco a poco fue alejándose de su proyecto universitario. En cuanto tuvo cierta estabilidad laboral, siguiendo la cadena de favores de la administración pública, se casó con una mujer tradicional sin mayores complicaciones.
Poco a poco, fue conociendo gente influyente en la política con la que colaboraba en todo lo que se necesitara, escaló hasta el control del personal en un Ministerio, desde donde ejerció el poder de comprar conciencias por salarios y posiciones. En una época fue militante de un partido que se decía de izquierda moderada, fue entonces un muy atractivo acicate para los jóvenes sobretodo de capas medias. Su tarea consistía en organizar a los jóvenes universitarios para lograr el control de todas la dirigencias estudiantiles de las universidades a nivel nacional. Combinando la cruz con la hoz y el martillo lograron un amplio control, su discurso era furiosamente antigringo y realizaban sus reuniones colocando de alfombra la bandera de EE.UU. Todo parecía muy auténtico hasta que llegaron los embates de la derecha neoliberal que los ubicó en el colaboracionismo descarado. Olvidaron todos sus principios y se colocaron en las nuevas administraciones para enriquecerse sin el menor escrúpulo. Empezaron a tener grandes y lujosas casas, medraban del presupuesto del Estado, enviaron a sus hijos a estudiar a universidades caras del extranjero, se enredaron en el narcotráfico y aprovecharon todo el marco de la impunidad del sistema.
Pedro tuvo la oportunidad de hablar con él en un vuelo de coincidencia, que utilizó Beto para ir a ver a su hijo que estudiaba en una universidad extranjera donde se pagaba una matrícula millonaria.
- Qué sorpresa mí estimado Beto. No te veía desde la “Revolución Universitaria”.
- Es cierto, en aquellos tiempo locos. Ahora las cosas han cambiado.
- No me digas que ahora ya no eres antiimperialista y te comportas como un burgués.
- Más bien uno madura y encuentra un camino más largo que puede llevar a lo mismo.
- ¿En que trabajas ahora?
- Recuerda que hicimos una alianza con la derecha para lograr el poder, aprovechamos la coyuntura para posicionar la democracia. Desde entonces vivo de la política coordinando al partido y negociando presidentes.
- Pero estuviste preso por acusaciones de narcotráfico. La gente les dio la espalda en las elecciones hasta perder el registro.
- Lo del narcotráfico fue un montaje de mis enemigos y los votos van y vienen. Gracias a nuestro trabajo de sacrificio la izquierda llegó al poder.
- ¿No crees que más bien lo que hicieron Uds. retrasó por décadas el proceso, hasta que la gente se hartó de los partidos tradicionales?
- El neoliberalismo vino a reinar por 25 o 30 años independientemente de lo que hiciéramos.
- Uds. lo apuntalaron y cambiaron ideología y discurso.
- ¿Acaso tú sigues con el marxismo y los discursos setenteros? La realidad es otra y se llega a la madurez y al pragmatismo.
- ¿Entonces la crisis neoliberal y el posicionamiento de otras opciones es un espejismo? El capitalismo no ha existido siempre y no será eterno.
- Yo no me haría problema ya que espero no ver otra cosa hasta que me muera. No puedo vivir de sueños ni crear a mis hijos con fantasías.
La conversación siguió en el paralelismo de lo antagónico, Pedro fue perdiendo la paciencia y el interés, se le revolvía el estómago de pensar que hablaba con alguien que había sido tan diferente, que había encendido la conciencia de jóvenes que dieron su vida por el cambio y ahora mostraba cinismo y traición. Siempre se seguiría preguntando, ¿qué pasa con ésta gente que abandonando la razón se entrega al oportunismo y vende nuestro futuro. Será tanta la necesidad económica o pesará más la debilidad de principios?
Beto institucionalizó el cinismo rodeándolo de un marco de intelectualidad, con aires de hábil negociador de tranzas y privilegios, se movía como pez en el agua entre los corruptos narcotraficantes y empresarios oportunistas. Todo en un círculo vicioso con asegurada impunidad, donde sólo como excepciones alguno caería en desgracia temporalmente, ya que el sistema se encargaba de su defensa y recuperación. Se decía el brazo derecho de su presidente consumidor de alcohol y estupefacientes, había sido el artífice de pactos y componendas que lo llevaron al poder siendo perdedor en las elecciones.
- Beto que bueno que ya llegaste le dice el jefe de su partido. Estaba muy preocupado que los populistas lograran convencer a los conservadores y nos sacaran de la jugada.
- Afortunadamente entre sus líderes hay un odio visceral de larga data. Prefieren perder los dos a que uno de ellos llegue a la presidencia.
- Perfecto hay que aprovechar la oportunidad y repartir el botín con los conservadores.

- Se hará así. Ya empezamos a repartir las cuotas de alta gerencia tratando de que nos toque la mayor y mejor tajada posible.

- ¿Qué le diremos al pueblo? Hay mucha gente que nos apoya por decirnos de izquierda.

- Apelaremos al discurso de la madurez política, a los nuevos tiempos de negociaciones y al pragmatismo. Quizás no haya otra oportunidad de asegurarnos un buen futuro, porqué en nuestro país las normas están hechas para perpetuar la tranza de pasillos sobre la votación popular. Por eso ni pensar en segundas vueltas electorales.

Además contamos con la venia del embajador yanqui, sólo nos pide cautela en lo del narcotráfico, eso para evitar la presión de su gobierno.

-Claro, nosotros no pretendemos cambiar nada. Mantendremos nuestro discurso conciliador y populista, aunque en la práctica sigamos las recetas neoliberales. Buscaremos algunas acciones de espectáculo que nos hagan ver bien para marear al pueblo.

-Termino mi periodo sin mayores incidentes, aseguramos nuestro futuro y el de los más fieles y cercanos, sorteamos el juicio de la historia y que dios salve al país.

-Por supuesto yo ya no estoy dispuesto a privaciones. Quiero vivir bien, que mis hijos estudien en las mejores universidades privadas del extranjero, quiero pasearme por el mundo como socialdemócrata, asegurar mi vejez.

-Qué tiempos aquellos en que soñábamos con salvar el país y dábamos mueras el imperio.

-Tiempos de ingenuidad mientras otros impunemente se enriquecían. Ahora es nuestro turno.

Los objetivos se lograron y viven de manera desahogada, pero lo que no lograron fue soslayar el juicio de la historia. Ahora los otra hora despreciados se lo demandan y viven acorralados por sus vicios y sus traiciones. Pero su racionalización cínica los convence que ayudaron a instaurar la democracia que ahora se vive, que hicieron lo posible y lo correcto en las circunstancias que les tocó actuar, que no robaron sino que recogieron los discretos frutos de su trabajo, que sus hijos salieron adelante por méritos propios y que todos los que los juzgan son unos resentidos.
Cuando cambian los tiempos es conveniente mantener un perfil bajo y disfrutar en las sombras de lo mal habido. Si se puede lograr la compasión puede ser útil. Pero siempre con la esperanza de poder ser reciclado en alguna modalidad que los redima.
Nada más esclarecedor que el diálogo ya personal e intimo con su compañero al que llevaría a la presidencia.
- Recuerdas que nos iniciamos con las banderas de la guerrilla y dispuestos a dar la vida por el pueblo. No buscábamos ventajas personales ni riqueza.
- Fueron tiempos románticos donde todavía veíamos posible derrotar al imperio y sus serviles gobiernos locales.
- La vida nos enseñó que no es posible, es mejor negociar para subirse al carro y luego repartir mejor la riqueza que lo que ellos hacen.
Es decir una reforma con cariño para el pueblo. Otros pueden luego avanzar más o quizás algún día llegar al sueño inicial.
- Si, la verdad es que no quiero acabar en la cárcel o el cementerio y que mis hijos estén por ahí mendigando. Creo que podemos darles una vida holgada y hacer un poco menor la pobreza de los demás.
Tendremos que afrontar la crítica o el desprecio de muchos.
- Ellos están equivocados, que han logrado, nada que valga la pena. Derrotados en todos los sentidos. Nosotros podemos lograr algo.
- Yo ya no tengo fe en el cambio de fondo, la verdad. No es posible, al menos en nuestra generación. Entonces porqué perder la oportunidad, sino somos nosotros otros se prestarán a gobernar.
- Dejémonos de teorías y culpas. Es nuestro momento y al abordaje aunque requiera una dosis de simulación y cinismo.
Cuando las cosas cambiaron Beto fue víctima cercado por su negra historia. Acostumbrado a los séquitos serviles y los tranzeros, quedó solo. Se convirtió en esas personas que no pueden circular en la calle porqué la gente los reconoce y los repudia, los que fueron sus partidarios lo eluden y sus adversarios lo desprecian. Los hijos no pueden hablar del padre y detestan que los identifiquen por el apellido. Siempre hay que tener una respuesta cuando les dicen eres hijo o pariente de fulanito. Todavía queda la posibilidad de cobijarse con algunos pares, gente quemada y despreciada como ellos, aquellos que se escudan en el cinismo del “deber cumplido y la mala voluntad” de los que los persiguen políticamente, y para colmo con la virtual esperanza de que los tiempos cambien a su favor.

Cap. V. Pochola
En cuanto llegó a la capital aprovechó sus contactos para asegurar, ahora sí, su ingreso a la Universidad. Pero arquitectura, era una carrera muy dura los primeros años, había que hacer diseños y planos casi impecables para superar los niveles. Fiel a su táctica, ubicó un compañero que tenía el talento y habilidad, lo demás era sencillo, seducirlo y ponerlo a su servicio. Ya para entonces no tenía compromiso con Beto y el novio de turno era un macho redomado que boicoteaba su carrera. Sin dudarlo mucho, pasó de los trabajos grupales a los de pareja, que culminaron en un supuesto romance mientras superaba los años difíciles de la carrera. Ya cuando se sintió segura de culminarla, cambió su proyección hacia los egresados dedicados al urbanismo, que era el área que tenía interés en desarrollar. Allí comandaba un viejo patriarca que rápidamente puso en su bolsa.
La vida siguió sonriéndole, teniendo siempre alguno al lado que sirviera para superar cada etapa; navegando en cada medio sin confrontación directa con el sistema, por el contrario seduciéndolo y utilizándolo en su beneficio, cayendo siempre bien parada. Ya logrados todos sus objetivos se deshizo de todo compromiso, sin embargo, la historia no había terminado.
Gracias a la magia de internet un día cruzó información con Pedro.
- Eres tu Pochola la de la banda del pueblo.
- Si la misma, la novia de Beto.
- No he tenido noticias tuyas por años.
- Es que me vine a trabajar y vivir en Suecia.
- Vaya que audaz en irte tan lejos.
- Es que luego de hacer un curso de posgrado me ofrecieron un trabajo. Al principio fue difícil la estadía, pero lo resolví casándome con un sueco.
- Me imagino, a ti no se te dificulta nada.
- Pero ya me separé, ya vez como son los hombres. Espero jubilarme pronto para irme a vivir como reina al pueblo.
- Sin duda allí todo es más tranquilo y muy barata la vida. Además, podrás urbanizar nuestro pueblo. Hasta construir un gran edificio.
- No te hagas. Sabes que no estoy para filantropías o sueños trasnochados. Voy a pasarla bien.
- Tal vez encuentres otro príncipe azul. Pero ahora si sienta cabeza.
- Bromeas. Los hombres no son tan necesarios y hasta pueden ser desechables.
- Genio y figura no. Espero verte entonces.
- Es posible, pero espero que no sigas aferrado a tus sueños locos.
Nunca supimos de primera fuente porqué Pochola decidió vivir en Suecia. Suponemos que se debía a la gran estabilidad laboral y las prestaciones jubilatorias. Es un buen cálculo poder disfrutar de una jubilación de primer mundo en el tercer mundo, rinde el doble y tienes un clima agradable todo el año, puedes vivir al aire libre sin restricciones ni depresiones, la gente es más afín y cordial, y hasta puedes contar con algunos parientes. Quedan lejos las noches largas y los días cortos, los fríos que congelan los huesos, la nieve hasta las rodillas, las relaciones formales laborales poco afectivas y distantes. También tiene mucho que ver la dificultad de trascender en un medio donde todos parecen eficientes en el lugar que se les asignó, no hay sorpresas descollantes ni personas que impulsar o redimir. Hasta el amor parece frío y de cálculo, aunque para Pochola eso no era novedad, ya que una vez más escogió el sujeto utilitario, usando siempre la misma táctica de la seductora intelectual buena onda y los arrumacos de los ojos chorreados. Envolviendo en sus artilugios a amantes y amigos, siempre lograba aceptación y atracción que sólo se derrumbaba cuando alguna gente lograba cruzar hechos e informaciones poco visibles. Finalmente llegaría allí al pueblo de donde salió, la exitosa y buena gente, la que estaría siempre dispuesta a darse a los demás, con sus consejos oportunos, con su hipocresía encantadora, con el detalle oportuno y la sonrisa precisa. Allí la incomprendida en el amor tendría aun la oportunidad de encontrar por fin el hombre adecuado.
El pueblo también fue seducido, siempre como la buena, inteligente, generosa que queda siempre bien parada.
Cuando terminó la relación con su segunda pareja apuntó sus intereses hacía un personaje que aseguraba al menos una solvencia similar a la de ella, ya para entonces no había tenido éxito la seducción de un colega casado que decidió mantener su familia. El sujeto en cuestión era más o menos de su edad, pero nunca había tenido una novia o algo por el estilo, era cerrado y circunspecto y se tragó toda la historia previa de Pochola con sus idilios siempre incomprendidos. La figura permanente era, que la mujer interesante, inteligente, sensible y seductora resultaba desperdiciada por parejas incapaces de estar a la altura de las circunstancias. De tal manera que los que conocían su versión tenían una imagen sesgada en la negatividad que no correspondía a la realidad. Más de uno (a) tuvo que cambiar drásticamente de opinión al conocer la otra versión o simplemente al ver la vida y conducta de los implicados.
Un día regresando de las largas horas del diseño arquitectónico de un proyecto interesante para la gran ciudad, Pochola decidió hacer una escala en al café de la esquina donde también estaba nuestro tímido candidato. En realidad ella sabía que con frecuencia, antes de irse a dormir, José solía cenar ligero ahí porqué era más cómodo que tener que ir a prepararse algo a su departamento.
- Se puede, que bueno que coincidimos y así no tengo que tomarme el café sola.
- ¿Está fuera tu marido?
- Claro que no. Pero bien sabes que ya no constituimos una pareja.
- ¿Pero viven juntos o qué onda?
- Sólo mientras él se va a su nuevo trabajo en Colombia.
- ¿Luego te irás tú?
- No para nada. Estamos en realidad separados. Ya ves como es su carácter tan áspero y rencoroso. Incapaz de salir de su encierro casero y el estudio. En cambio a mí me gusta disfrutar de la vida, salir a tomar un café o ver una película.
- Si realmente parecen muy distintos y tú te mereces algo mejor.
- Qué bueno que tu lo veas así. Me levanta la autoestima.
- Mañana hay una buena premier y tengo unos pases. ¿No te gustaría ir?
- Suena interesante.
- Eso sí, claro, sino no se representa problema con el marido.
- Ya te dije que no es mi marido.
- Pero también es amigo mío y no quisiera malos entendidos.
- La situación es muy clara entre nosotros. No tengo ni él tiene que dar cuentas a nadie.
- Sin embargo viven juntos, es una situación rara. Le dirás que saldrás conmigo.
- Se lo podría decir, pero creo que por el momento no lo aceptaría muy bien y lo haría más irascible. Hasta que no se vaya prefiero llevar la fiesta en paz.
- En realidad no debería preocuparme por una simple salida de amistad.
- Si eso, es una simple salida de amistad. Pero porqué no termina esa relación.
- Es bastante inmaduro, fui de las primeras noviecitas y le llevo algunos años. Luego conocí hombres mayores maduros y seductores. Me enredé con alguno sin que jamás se decidieran a dejar a la esposa, a pesar de que yo rompí con mi pareja, luego vino esta coincidencia geográfica temporal que no cambia en nada la ruptura inicial. Dejé de amarlo o nunca lo amé, me falló el relevo o nunca debí haber dado el primer paso.
- En cambio yo no he tenido novias reales. No tengo éxito con las mujeres. Nunca he tenido siquiera la tentación cerca. Si no te hubiera conocido y si no te acercas sería incapaz de abordarte para una conversación. Y todo esto lo puedo decir ahora que tengo casi 30 años, antes no me hubiera atrevido.
- Yo veo en ti un hombre sensible y bueno. Buen profesional, inteligente y tierno.
- Yo te admiro como mujer y los envidiaba como pareja. Pero o sorpresa, la situación era otra.
Así empezó la cuarta relación sostenida de Pochola que duraría algunos años en que los intereses coincidían hasta su partida a Suecia. Como en otras ocasiones no hubo duelo en la separación y al cambiar la circunstancias, vino una quinta relación más breve y otoñal, casi convencional migratoria.
Nunca comprendió realmente lo que pasaba, en la vida le había ido bien y todas sus parejas habían sido útiles para cada etapa y propósito. Parecería que su ego era el centro de toda acción y que el verdadero amor era a sí misma y con la necesidad de proyectar una imagen mayor que la real. En el invierno de la vida no está el final de la historia y todavía podemos sorprendernos una vez más, la imagen invernal que proyectemos puede ser también sorprendente y maquillada. Lejos quedó el pueblo y cerca las ambiciones personales.

Cap. VI. Pedro
Fiel a la utopía se fue a estudiar medicina para curar a la gente gratis. Había quedado muy impresionado por aquel cirujano que operó a su padre sin cobrar honorarios, sin siquiera ser amigo de familia, era de esas personas raras sin afanes de lucro, aunque no sean socialistas.
Pero la medicina no le daría todas las respuestas que necesitaba, entonces devoró filosofía, economía, sociología y otras lecturas para encontrar el marco teórico a su vocación. Todo el tiempo vivió en la contradicción entre su medicina social asalariada y el libre mercado capitalista. Nunca pudo aprender a aullar como lobo entre lobos.
Varias de sus cálidas amistades lo habían reflexionado siempre.
- ¿Dónde tienes tu consultorio?
- No tengo consultorio particular.
- No me digas que eres de los privilegiados que tienen un alto cargo o negocios.
- Nada de eso, sólo un salario promedio.
- Pero estás loco, eres todo un especialista. Estás perdiendo mucho dinero.
- Es que no puedo cobrar a alguien que no puede evitar consultar por necesidad imperiosa. La enfermedad te hace cautivo.
- Pero el plomero, el sastre, el albañil, el ingeniero, te cobrarán.
- Sí, pero no será una cosa de vida o muerte. No estoy tan desarmado como el paciente.
- Es que no hay razón.
- No la hay, es algo de conciencia.
- Ojala puedas lograr el equilibrio y sobrevivir con tus sueños.
La vida y carrera de Pedro era la más difícil de entender, parecía al margen del sentido común. Poco hablaba del dinero que sigue siendo muy necesario, fiel a sus mujeres y a sus principios que algunos consideraban ingenuos, afortunado en no haber caído en insolvencia a pesar de su descuido, y precavido como pocos.
Salir del pueblo a la gran ciudad fue algo natural, a pesar que al principio extrañó la vida relajada del poblado. Pero en cuanto se introdujo en la profesión y la política, fue absorbido sin retorno en la vorágine de una vida que parecía siempre a contracorriente.
Quedó atrás la frescura de la planicie que se introduce en las verdes montañas deslizándose en la placidez de una nube tempranera. Quedaron atrás los aromas de los naranjos y la caricia del musgo en las húmedas quebradas, donde el caminante toma aliento para seguir los serpenteantes senderos de los interminables cerros. Quedó atrás la contemplación en el silencio de esos vergeles, que con generosidad alimentan lo mismo el cuerpo que el espíritu. Allí donde esa tierra generosa parece ajena a las diferencias de clase, como si se esmerase en prodigar a todos por igual sus frutos, sus aromas y sus colores. Donde nos parece, que cual pintor, se podría llenar el universo de las formas y colores deseados para felicidad de todos.
Allá las puertas estaban siempre abiertas y las habitaciones se parecían todas, las mesas tenían los mismos alimentos y los mismos aromas. No se diferenciaban por sus lujos o conforts, no tenían varios vehículos en las cocheras, ni siquiera era necesario enfriarlas o calentarlas, no veíamos el mármol o los espejos.
Ahora a preocuparse por el vestir, por el transporte y las grandes exigencias del estudio de una carrera cuya dureza sólo se reconoce al final de la vida, mientras tanto todo parecería natural y necesario e incluso disfrutable. Se acabaron las planicies y las montañas, hay que moverse en el cemento y sobre el hule.
La carrera, aunque larga, pasó vertiginosamente y se vio en la necesidad de tener que vivir de ella. El problema era que llevaba la marca del médico humanista que operó gratis a su padre, así que no estaría en condiciones de atender y cobrar directamente. La salvación serían las instituciones públicas de salud donde recibiría un salario. Pero las instituciones estaban corruptas, allí se ingresaba por amiguismo o afinidad política con el régimen de turno. Menudo problema, si además se tenían una teoría y práctica precisamente contraria al capitalismo en cualquiera de sus variantes, menos aun si vivía en dictaduras militares fascistas.
Se conjuntaban dos elementos difíciles de armonizar con el bienestar personal. La vocación de servicio sin cobro directo y el fervor revolucionario irreverente con el régimen. En consecuencia, los sueños de las capas medias de fama y dinero se diluían para siempre para Pedro, salvo que fuera cambiando de pensar y actuar paulatinamente.
Más de una vez tuvo conversaciones con sus pares, donde siempre resultaba un extraterrestre fuera de toda sensatez y con una reiterada posición idílica.
- ¿Qué vas a hacer ahora Pedro ahora que eres un señor especialista graduado en el extranjero?
- Lo mismo de siempre ayudar a todos, especialmente a los que menos tienen. Y luego por supuesto ayudar a cambiar el mundo.
- No te pongas en plano mesiánico.
- No es mesianismo es mi obligación. Yo no me pagué la escuela.
- Deja de vacilarme. Te quemaste las pestañas tantos años de guardias y desvelos para seguir igual. ¿O tienes alma de mártir?
- Es algo de conciencia incompatible con la compra y venta.
- Pues yo no voy a asaltar a nadie ni a robar. Pero creo que puedo curar a los pobres y sacarles dinero a los ricos.
- Pero los ricos no irán contigo, tendrás que acabar sacándoles dinero a los medio pobres.
- No cobraré al que no tenga para pagarme.
- Eso es relativo, tendrán que sacrificar algo para pagarte. Hay quienes venden su única casa para solventar gastos médicos. Otros dejarán de tener vacaciones, comer menos, rematar el auto o cualquier cosa de esas. No creo que tengas una forma de analizar a priori la capacidad económica de tus pacientes, salvo los casos muy obvios que insisto no irán contigo. Estamos en un mundo capaz de garantizar salud para todos.
- Si pero ese mundo no ha llegado y yo tengo derecho a recibir en la medida de mis sacrificios y desvelos.
- Ni siquiera te costó la universidad que el pueblo pagó.
- Si pero a mis padres les costó la comida y la ropa.
- Pero tus padres trabajaron en el gobierno y les pagó también el pueblo.
- Entonces, ¿sólo los que van a universidades privadas y trabajan en empresas particulares tienen derecho a cobrar?
- Tampoco, porqué ese dinero también sale del pueblo trabajador. Sólo el trabajo humano genera valor. Tú serás uno más de los que se apropian del trabajo ajeno.
- Pues yo no estoy de acuerdo con eso de convertirse en un monje descalzo o en una madre de la caridad. Esas son sólo excepciones en las iglesias, la mayoría viven como reyes y yo me he esforzado más que todos esos zánganos.
Toda su vida profesional transcurre en esa contradicción entre la vocación basada en convicciones y el mercado. Pero poco a poco fue descubriendo que no era el único y que al menos, entre los abuelos de sus maestros, había muchos soñadores que fueron reduciéndose en la medida que avanzaba el capitalismo salvaje.
Siempre recordará el pueblo sencillo y fraterno, convencido que allí se puede ser feliz con lo simple y cotidiano, sin asechar oportunidades ni tejer intereses, sin acumular tanto enojo o esperanza. Sin tener que explicarle a un paciente que puede ser bien atendido sin pago directo y sin necesidad de hacer un regalo, que la salud es un derecho humano y no una dádiva, que somos capaces de decirle la verdad con mesura, que no todo tiene un precio y que amamos lo humano. En el ocaso invernal de la vida procurar terminar con dignidad y tratar de ser simplemente humano, con o sin fama, con o sin fortuna.

Cap. VI. El reencuentro
Los caminos habían sido diversos, las circunstancias influyeron en las decisiones en la medida de la solidez de los principios. Pero todos los humanos ansiamos retornar a los orígenes, sobretodo si éstos fueron gratos y entrañables. Así que la reunión en el poblado era inevitable, aun después de llegar los 65 años de edad promedio, para hablar de sus vidas en un momento de gloria para un país que empezaba a liberarse.
El mundo y sobretodo el país han cambiado, el pueblo luce ahora muy civilizado sin grandes diferencias sociales como antes. El latifundio se terminó y todos tienen acceso a la tierra recibiendo los frutos según su trabajo, no hay igualitarismo pero tampoco patrones. Los frutos de la tierra salen a la ciudad vía esfuerzo cooperativo, sin intermediarios. Los tractores, fabricados en el país, sirven por turno a los campesinos y las escuelas, que ahora si tienen maestros de verdad que forman realmente a la gente. En cada casa se puede ver la red nacional de la Tv y muchos se divierten en las sedes de las organizaciones sociales. Ya no se ve el ocio juvenil de aquellos tiempos, porqué ahora, todos hablan y discuten de política, nadie quiere dejar de votar y cualquiera se ve con derecho a dirigir. Los originarios y mestizos se han apropiado del pueblo, caminan con gallardía y muy seguros de sí mismos.
Los años han pasado y las canas son muchas, pero hay cinco personajes que con total añoranza se dirigen a la fiesta anual del poblado, ahora si en buenos buses y por carreteras mejoradas, y porqué no, en sus propios vehículos.
Carlos ,el abogado mestizo arribista con su historia de colegio religioso, convencido de la justa desigualdad y la legitimidad de la riqueza, había logrado la boda ideal para tener el dinero soñado, sin embargo, en los últimos tiempos están en investigación las fortunas mal habidas y la gente lo señala por corrupto. Enemigo jurado del gobierno del cambio, espera que todo vuelva a la “normalidad” como en Rusia, cuanto extraña las épocas del general. Esa mañana temprano tomó su Humer blindada y en compañía de sus compinches, casi guaruras, marchó rumbo al pueblo. Llevaba muchos años sin visitarlo en su festividad, y ahora que tenía más tiempo por su alejamiento del poder, era el momento oportuno.
Francisco sólo tenía que dar unos pasos y sin pensarlo llegaría al encuentro no programado. Aunque avejentado, lucía optimista, porqué su pobreza se había dignificado. Su madre ya no vivía, pero su hermana tenía un buen trabajo en la Alcaldía y él producía hortalizas en su pequeño predio duplicando sus anteriores ingresos. Lo que más le entusiasmaba era que ahora contaba con un bono por su edad y había la promesa de una jubilación digna. Hace tiempo que su conciencia había despertado, pero lo importante era, que ahora la vida era diferente en cada rostro.
Beto, el otra hora utilitario para Pochola, con algunos kilos encima había sido expulsado de la administración pública por corrupción. Sin embargo, el botín era lo suficiente para vivir cien años sin trabajar. Sus cuentas pendientes con la justicia nunca fueron pagadas a plenitud y todavía hoy se daba el lujo de hacer declaraciones públicas llamando a conformar frentes para mejorar el país, aunque todos sabemos, que ya no tienen la menor posibilidad de usufructuar de la política. Por eso al igual que Carlos, salió en un modesto jeep rodeado de sus similares incondicionales y la amante de turno, procurando pasar desapercibido.
A Pochola se le ocurrió en esos días cambiar de aires y tomar un bus para el pueblo, al fin y al cabo era la fiesta anual y no había nada mejor que hacer. Nunca le gustó manejar vehículos, ni tener el problema de cuidarlos, la comodidad siempre fue su prioridad. Hoy estaba sola, pero no para siempre, tarde o temprano aparecería alguien útil que no quisiera aprovecharse de ella. Los climas extremos de Europa quedaron atrás, dinero no faltaría y compañía tampoco (no hay sexto malo), para eso estaba precisamente la seducción de la intelectualidad simulada y la solvencia económica. Además los cambios del país le permitían lucir el viejo ropaje de los coqueteos izquierdistas, al fin y al cabo se puede usufructuar del cambio, aunque nunca hubiera arriesgado nada por él.
Pedro también decidió ir, el de la justa medianía o de la mediocridad como dirían otros, sin fama ni fortuna, sólo poseedor de sus principios que nunca sacrificó para obtener beneficios personales. El último para conseguir trabajo y el último para pedir favores personales. Siempre trabajando discretamente y a la sombra por el cambio. Había aprendido a tener una gran tolerancia excepto con la inconsecuencia y el oportunismo. Iba para ese pueblo con la nostalgia de lo que fue la divertida adolescencia antes que la vida separara todos los caminos, no podrían reconocerlos como amigos, pero quedaría en común la inocencia del pasado. ¿Cómo verse como pares?
Allí en la misma banca de la misma plaza, a la misma hora y con la misma luna. Allí estaban los cinco casi irreconocibles, mirándose sin poder articular palabra, inmóviles ante sus pasados diversos y perplejos ante el futuro. ¿Quien estaría acertado o equivocado? ¿Cómo explicaríamos nuestras debilidades? ¿Qué cuentas le daríamos al pueblo que nos permitió ser auténticamente felices esos pocos años?
A Carlos le tocó iniciar el alegato de su vida.
- No tengo de que arrepentirme y creo que me fue bien en la vida. Tengo salud, una esposa fiel y bastante dinero. Lo suficiente para ir donde se me ocurra. Dejé la pobreza para siempre. – La apertura puso al descubierto sus culpas-
- ¿Lograste la felicidad? irrumpió Francisco. Por lo que se ve a tu manera.
- Ser feliz es tener salud, dinero y amor, yo tengo todo eso.
- ¿A cualquier precio? increpó Pedro. Hay muchos infelices en el mundo y no te duele.
- La ley de la vida es tener pobres y ricos. Yo me esforcé para no seguir de pobre y lo logré, todos tenemos esa posibilidad.
- Diríamos más bien que tuviste el olfato para casarte con la hija del dictador, acotó Francisco.
- Claro, uno sólo podría hacerlo y ese fui yo. Tú podías haberte casado con la hija de un latifundista en vez de andar rascando la tierra. Aunque ahora, esos indios de mierda te hubieran expropiado. A mí ¿quién me puede quitar el dinero?
- Miren en la vida hay que ver por si mismo primero y después también, no sean ingenuos, estos gobiernos que hablan del beneficio común van a durar lo que duró el comunismo.
- Hay que pasársela bien, así que yo les invito lo que quieran, las cervezas y la comida que puedan ingerir. Se los ofrece un triunfador. Y si se portan bien hasta los protejo cuando todo vuelva a ser como antes.
Llegó el turno de Beto que empezó reclamándole a Pochola el uso que hizo de él para engancharse en su carrera de la ciudad. Luego les aclaró que el jugó a la política con sus reglas, le tocó perder al final porqué le jugaron rudo, pero que finalmente está tranquilo ya que tiene suficiente dinero producto de muchos años de ocupar cargos importantes.
- Pero Uds. se decían de izquierda y acabaron en la derecha le preguntó Pedro.
- En esa época había que ser pragmáticos y realistas, sino tomábamos el poder lo tomaban otros más derechistas, así que le hicimos el favor al país para no caer en peores manos. Ahora les toca a otros, nosotros ya cumplimos.
Francisco no pudo más que intervenir con voz firme y sabiduría campirana.
- Les habla un campesino iletrado y pobre, pero me queda claro que Uds. son individualistas y ambiciosos, se aprovecharon del pueblo para hacerse ricos y famosos. Yo probablemente no soy nadie para Uds. pero tengo la conciencia tranquila, porque lo que poco que tengo se lo debo a mi trabajo honrado. No envidio su felicidad y no necesito su protección ni favores. En ésta tierra nací y aquí pienso enterrarme sin honores, pero también sin vergüenzas. Yo los invito a ver de frente a nuestra gente y a atreverse a decirles que no les importa su pobreza y que son felices a pesar de ellos.
Creo que no son dignos de nosotros o nosotros no somos dignos de compartir con Uds. Pero Ud. se miran sólo a sí mismos y nosotros miramos la tierra que desea rescatar nuestra especie humana.
Todos se miraron absortos, pero una broma resolvió el conflicto. Esa es la voz del pueblo dijo Beto y esa es la voz de dios, todos somos hijos de dios, así que brindemos por todos. Ahora que diga su verdad la mujer, aunque fuimos descorteses ya que primero eran la damas.
Pochola salió por sus fueros seductores y les dijo.
- Yo los quiero mucho a todos como bien saben. Soy una mujer de izquierda y muy buena onda. Me tuve que ir a Suecia porqué la derecha me tenía en la mira, pero ahora que estamos en tiempos mejores vengo a aportar al país. Puedo construir viviendas gratis, y en un descuido, hasta un monumento para el cambio. Por eso vengo al pueblo para apoyarlo y pagar algo de la deuda con todos, a ver si así Beto me guarda menos rencor.
- Pero nunca fuiste perseguida ni tenías problemas de trabajo, replicó Pedro.
- Yo digo que sí, conocía a muchos izquierdistas, algunos más íntimamente. Los trabajos los conseguía por meritos propios que despertaban envidias.
- ¿No hubo oportunismo de izquierda entonces? ¿Usabas a los hombres? le preguntó Beto.
- No precisamente, a ti te quería cuando nos fuimos a la ciudad pero luego me gustaron otros, cada quien en su momento fue querido, quizás mi corazón es muy grande o no sé si ejerzo una atracción irresistible en los hombres. Soy feliz a mi manera.
Le tocó finalmente a Pedro cerrar la ronda, no encontraba palabras y creía que no tenía nada que decir. Quien era él para juzgar la vida de sus amigos sino había logrado nada que valiera la pena. Pero tomó aire y dijo:
- En la vida hay personas apreciables y despreciables, en lo individual logramos amores y desamores, pero ante los pueblos no podemos simular ni engañar. Si algo hemos hecho en la vida con trascendencia vamos a tener que someternos al juicio de la historia. Honestidad vs deshonestidad, transparencia vs opacidad, espontaneidad vs cálculo, amor vs simulación, individualismo vs humanismo, congruencia vs incongruencia, egoísmo vs generosidad, ni más ni menos. Entonces señores den su propia respuesta y vivan o mueran con honor o deshonor.
Casi sin darse cuenta, unas horas después, cada quien estaba en su camino de retorno sin tiempo para asimilar el encuentro, todo quedaba cubierto por la niebla que recortaba las curvas del sinuoso camino, los rostros parecían lavarse al paso de las múltiples cascadas que oscurecían el ruido de los motores remontando mil laderas, y allá en el breve horizonte de las cercanas montañas, parecían diluirse las diferencias. Las mismas sendas, las mismas fragancias, los mismos ruidos y cánticos, la leve brisa y la llovizna, todo parecía igual que siempre, pero la vida los había marcado para siempre. Volvieron a la dispersión.

Cap.VII.- Carlos
No tardó mucho en enterarse que su mujer e hijos, con los que no vivía desde hace algunos años por su constante infidelidad, habían marchado al extranjero para disfrutar con tranquilidad de la riqueza mal habida junto a otros ex colaboradores del general. En el mundo hay aun muy buenos refugios para ex presidentes corruptos, ex dictadores, tramposos, genocidas, etc. ¿Porqué no aprovecharlos?
El círculo se iría cerrando para las fortunas injustificables y ya liberado de compromisos familiares podía actuar en defensa propia. No era de las personas que renunciaría fácilmente a la privilegiada vida que llevó, a cambio de un anonimato fuera del terruño.
Decidió enclavarse en la región de los latifundios y el narcotráfico, donde tenía grandes amigos y cómplices, allí se fraguaba la restauración del orden alterado. Si no se salvaba el todo al menos se lograría un enclave en esa parte más rica del país con el apoyo imperial.
No le fue difícil ubicar al rey del latifundio punto de referencia clave:
- Es un gusto reencontrarlo, no nos veíamos desde aquel asado en el rancho grande donde festejábamos el asalto a las oficinas del gobierno y la proclama de la autonomía.
- El gusto es mío, ya pensaba que te habías rajado y estarías disfrutando de las playas con los que nos traicionaron finalmente.
- Por supuesto que no me voy, y menos ahora que tenemos tanto apoyo de Uds. y de la embajada.
- No sólo eso, ahora tenemos verdaderos rangers graduados en luchas internacionales. Aguerridos y exitosos como ellos solos. Está cerca la hora de limpiar nuestra tierra de esos indios de mierda.
- Por supuesto, ésta región es para gente decente y emprendedora, no podemos permitir que nos despojen de tantos años de esfuerzo.
- Contamos con el apoyo de casi toda la población, a los empleados, peones y comerciantes ya se les advirtió que llegará el aviso de acudir a la plaza. El gobernador y el alcalde van a convocar al desacato y la independencia, inmediatamente aplicaremos el estatuto que excluye de derechos a los no nacidos en nuestra tierra. Desataremos las turbas de limpieza étnica por todas las barriadas migrantes.
- En el área rural me imagino que será más fácil.
- Por supuesto, allí los patrones tienen ya sus grupos armados y cuentan con la sumisión de los peones. Allí no hay sindicatos ni lidercillos, todo será muy rápido.
- También muy importante que controlemos todos los medios de comunicación.
- Esos son nuestros en su gran mayoría, simplemente cortaremos las emisiones del gobierno central.
- ¿Qué pasará con el ejército?
- Quedará inmovilizado porqué coaptaremos a los oficiales nacidos en el terruño y sobornaremos bajo amenaza a los foráneos. Licenciaremos inmediatamente a los conscriptos para reemplazarlos por nuestras milicias y las camisas negras.
- Será importante que inmediatamente el imperio reconozca y apoye el movimiento.
- Por supuesto eso ya está coordinado. La bandera será la autodeterminación soberana de nuestro pueblo. Si es necesario llegarán tropas del imperio y de los países amigos.
- ¿Cuál sería mi participación? Estoy ansioso por contribuir a la libertad.
- Por la confianza que tenemos en ti voy a pedirte que protejas al grupo élite de asalto al comando único del gobierno central. Allí estarían los funcionarios principales de la región junto a los militares afines, sería el golpe principal inicial.
- ¿Qué tendría que hacer? Ellos están concentrados en un hotel cercano. Tienes que ponerte a disposición de Roberto que coordina el cerco de protección.
- ¿Porqué tanta precaución?
- Recuerda que hay países aliados del gobierno que apoyan con inteligencia y tenemos un colaborador perdido. Hay el temor que haya sido detenido o coaptado por el gobierno. Por eso han estado cambiando de hotel cada tres días.
- Lo haré con toda responsabilidad, además tengo muchos compas que puedo poner como vigilantes discretos o informantes.
- Estaremos en contacto por estos celulares, pero llama sólo cuando sea muy necesario y siempre en sentido figurado. Puedes hablar de la fiesta, de la visita familiar o algo así.
- No tenga duda que triunfaremos.
Se dieron un emocionado abrazo y Carlos buscó a Roberto en las inmediaciones del hotel en turno, discretamente conversaron en la banca de un patio interno de los edificios vecinos. Le asignaron lugar y horario nocturno, enlazaron los celulares y se le indicó donde y con quien recibiría entrenamiento y la arma reglamentaria. Roberto volvió al taxi que tenía estacionado en el sitio fijo cercano al hotel.
Durante varias noches Carlos ocupó su lugar entre el “lobbies” y el bar del hotel, veía como el comando se desplazaba en una rutina diaria aparentemente muy normal, también diariamente llegada el camión cerrado del abastecimiento que trasladaría los pertrechos y al comando una vez llegado el momento.
Todo parecía normal en una noche más de vigilancia, pero de pronto llegó un autobús de turismo de esos que traen delegaciones, le llamó la atención a Carlos que las ventanas llevaban paisajes tropicales regionales que impedían ver el interior poco iluminado. Una pareja con aire de extranjeros bajó para acercarse a la recepción. Entonces vibró el celular de Carlos, lo expuso inmediatamente y sólo alcanzó a oír una voz que decía “nos traicionaron y estamos cercados”, inmediatamente se cortó la comunicación, parecía la voz de Roberto desde el exterior del hotel.
En segundos el “lobbies” estaba copado por policías fuertemente armados, Carlos se puso de pie e intentó sacar su escuadra cuando desde detrás del sillón le dispararon. Alcanzó a detonarla antes de caer de bruces sobre una pequeña mesa central. El hotel se convirtió en un campo de batalla.

Cap. VIII.- Francisco
El mundo de Francisco parecía pequeño, toda su ya larga vida la pasó en el pueblo con esporádicas visitas a la capital. En consecuencia, la nueva dispersión de los amigos de antaño no significaba gran cosa. Lo realmente motivante para él estaba en las transformaciones del pueblo, había visto pasar el régimen feudal, el capitalismo y ahora se formaba algo que él no sabía que llamarle. Su rutina cotidiana tenía otra dinámica y otros contenidos.
Al despertarse, la ventana por donde se insinuaba el sol era la misma, el cielo igual de azul, pero su cama era ahora confortable, en la mesa de desayunar, donde nunca faltó la leche y la fruta, estaba el periódico cambio, antes llegaba algún periódico por las tardes en los primeros buses que llegaban de la capital. Difícilmente había algo que leer referente al pueblo, ahora estaba la voz de las cooperativas donde algunas compañeras escribían. Calzó sus botas de trabajo, que sustituían a las abarcas rústicas de antaño, y se fue rumbo a la parcela.
- Buenos días saludó como de costumbre al panadero de la esquina.
- Buenos días Pancho. No se le olvide que el fin de mes y tenemos el intercambio de productos. Tengo entendido que ha tenido una muy buena cosecha de mandarinas.
- No te preocupes estará mejor que tus panes, que últimamente han estado un poco crudos.
- Crudos o no, os los comereís igual. Ja,ja,ja. Haciendo gala todavía de su castellano
Francisco se subió en la plataforma que arrastra el tractor de su zona, antes bajaba a pie por un sendero escabroso donde hasta las mulas tropezaban. Luego de unos minutos de camino polvoriento pudo observar a los compañeros montando las escaleras para la cosecha.
- Se ven muy empeñosos hoy. Les dijo con voz cálida.
- Es que si llenamos el tráiler podremos acabar de amueblar la casa nueva y hasta antena le podemos poner para ver telesur.
- Hoy también vivieron los niños por lo visto.
- Claro, es el día de práctica comunitaria. En la semana pasada tuvieron las clases de botánica y ecología. Así que a practicar lo dicho.
- Pues más vale que me ponga a trabajar ya, me llevan ventaja.
- Y no se te olvide que esta noche mi hija actúa en el Teatro Municipal, es a las 8 en punto.
- A ver qué flores le llevo, es una moza tan lista.
Entonces me puse a pensar que diferente era cuando el capataz reprendía a los peones por llegar tarde, aunque sabía que venían a pie y muchos no tenían zapatos. Cómo trabajaban duro y sólo al fin de la semana recibían el jornal que sólo alcanzaba para comprar azúcar, pan y sultana. Pocos niños iban a la escuela y las madres cargaban con ellos al campo dejándolos debajo de los árboles.
Para Francisco el cambio no era tan grande, pero tenía un tractor compartido con el que sembraba maíz en la parte baja de su predio y unas buenas botas. Pero lo que más agradecía era el cambio en el paisaje humano, ahora todos se veían como iguales y eran capaces de intercambiar sonrisas y coqueteos. Todas las noches en la plaza, en vez de hablar de trivialidades, la gente discutía de política y de cómo el pueblo debía superarse, en lugar de la publicidad de la siguiente película ranchera o de la medicina milagrosa, se oía la programación cultural o deportiva de la semana.
- Hola Francisco, ¿Cuándo te vas a jubilar? Le dice un paisano casi contemporáneo.
- Cuando me dé la gana carajo. Me ves tan decrépito o que onda.
- No te enteraste acaso que el gobierno ya creó un fondo universal de jubilación. Podemos jubilarnos a partir de los 65 años si estamos sanos como tú y yo.
- Pero yo nunca trabajé para nadie ni aporté.
- Eso no interesa, es parejo para todos.
- Ahora sí que es como para ponerse a llorar. ¿Y así sin ser del partido, sin deberla ni temerla?
- Así mismo camarada.
- Ahora si estoy viendo el cambio, quisiera tener en frente a esos viejos amigos citadinos para refregarles en la cara. ¿Será que el país se hizo rico de repente o qué diablos pasa?
- Siempre fuimos ricos, lo que pasa es que nos saqueaban unos cuantos vivos.
- Yo siempre dije que los ricos, los políticos y los gringos eran unos cabrones.
- Ahora es difícil robarle al pueblo porqué estamos vigilantes, hay controles sociales.
- Pues me ofrezco para checar al alcalde y al contador de la cooperativa, te aseguro que no se me pela un centavo. Esa será mi rol de jubilado.
Francisco abrazó a su par y los ojos se le llenaron de lágrimas pensando en la paciencia que tuvo para no desesperarse y correr a la ciudad tras el dinero. Era feliz aun sin familia cercana, era respetado y amado por la gente, podía verlos de frente sin avergonzarse y finalmente podría cuidar del dinero de todos. Podía morirse sano, pero contaría con el doctor, con las medicinas necesarias y el consuelo de una guapa enfermera.

Cap. IX.- Beto
Al regresar a la gran ciudad a su rutina de bajo perfil fue viendo como, el hasta entonces solo juicio político, se transformaba en juicio penal por enriquecimiento ilícito. El gobierno había aprobado una ley que permitía, como nunca antes en la historia, investigar fortunas inexplicables. Tendría que demostrar cómo poseía tantos bienes y dinero, si había sido relativamente pobre y ni casa propia tenía entonces. Su principal trabajo había sido de gestor negociador de un partido de supuesta izquierda que acabó en la derecha concertadora con la ultra reacción. Se podían sumar todos los salarios e ingresos posibles y no salían las cuentas. Fue llamado a juicio oral y tuvo que asumir su propia defensa ya que ningún magistrado quiso hacerlo.
- Sírvase el señor fiscal presentar las acusaciones que pesan sobre el señor.
- Con el permiso de su señoría procederé a la lectura de los delitos morales y penales del acusado.
- Acuso al señor de haber hecho en su vida lo contrario de lo que decía y prometía. De tergiversar los principios que le dieron el apoyo de los jóvenes esperanzados. De deshonrar a las víctimas de las dictaduras y a las capas medias que por temor al radicalismo se alinearon a su partido.
Acuso al señor de luchar sólo contra su pobreza apropiándose del dinero de todos a título de salvador de los pobres en funciones públicas. De amistad y complicidad con el narcotráfico y las mafias empresariales. Del remate de las empresas públicas y de los recursos estratégicos de la Nación.
Acuso al señor de prometer vivienda digna para todos y sólo construir mansiones para él y sus allegados. Asignar predios municipales a especuladores urbanos. Consolidar latifundios y regalar recursos naturales a las transnacionales.
Acuso al señor de boicotear la educación pública que lo forjó como líder y facilitar la creación de cientos de escuelas y universidades privadas para élites insensibles. De despreciar su propia creación para mandar a sus hijos a “prestigiosas” universidades del extranjero.
Acuso al señor de boicotear y despreciar la salud pública atendiéndose en clínicas privadas nacionales y extranjeras. De dejar morir de desnutrición a miles de niños mientras los suyos tiraban los abundantes majares alrededor de la piscina. De que miles de mujeres tuvieran que parir en el suelo terroso de sus pobres casas.
Acuso al señor de vender sus principios por alcanzar el poder de las tranzas de las minorías. De burlarse del pueblo y de la democracia asaltando el gobierno con oscuros pactos entre otra hora enemigos. De degradación ética al extremo de apoyar al criminal fascismo a cambio de prebendas.
Acuso al señor de engañar a su familia que confió en él y buscó siempre racionalizaciones a la inconducta observable. De burlarse, defraudar y darle la espalda al pueblo que una vez juró defender.
Ahí lo tienen cínico y rico. Defraudador y traidor. La patria debe juzgarlo el pueblo ya lo condenó.
Beto escuchó imperturbable la acusación, estaba acostumbrado a oír a amigos y a enemigos para acabar en pactos. Siempre era posible enarbolar el interés supremo de la Nación que todo lo justifica.
- Quiero decir de cara al pueblo, que para poder sostener la democracia por 20 años y que no volvieran las masacres, tuvimos que negociar. Eso nos permitió lograr avances en la protección del medio ambiente y de los pueblos indígenas que hoy se levantan.
Los principios deben evolucionar en tiempos de democracia donde las reformas son la prioridad. No podíamos desafiar las leyes del mercado y pelearnos con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Siempre he trabajado al servicio del país, recibíamos muchos regalos y contribuciones que creíamos lícitas, no podíamos ponernos a investigar todas las procedencias. Los narcotraficantes nunca nos dieron aportaciones directas, posiblemente se valieron de allegados para penetrar sin ser detectados.
No teníamos dinero para sostener la empresa pública, mucho menos para crear otras. Se necesitaban los capitales extranjeros para generar empleo y riquezas. Nadie podía entonces decir que el modelo era malo, todo lo contrario, los gobiernos se llenaban de premios y reconocimientos.
Cuando con tu esfuerzo puedes dejar la pobreza tienes el derecho de una mejor salud, educación y vivienda. Nadie le recrimina eso a los millonarios, no sé porqué lo hacen conmigo que no soy tanto y que pagué puntualmente mis impuestos para apoyar lo público. Todos los presidentes y políticos prominentes se hacen chequeos médicos en EE.UU y tienen apartamentos en Miami.
Siempre lo dijimos, como lo hicieron en España, la democracia bien vale un pacto con el diablo. No hay un solo documento que demuestre que yo tomé dinero del erario, ni nadie está obligado a no compartir su riqueza con quien se le ocurra, así que no hay materia judicial en mi contra. Sólo debo rendir cuentas a mi conciencia. El que se crea inmaculado que tire la primera piedra.
Yo sólo pido justicia y comprensión, cumplí mal o bien, pero trabajé por el país y merezco la misma vejez digna que hoy propone el gobierno del cambio.
Las leyes estaban hechas por ellos, los juicios son interminables y las triquiñuelas jurídicas infinitas. Las sanciones siempre son para los pobres, los ricos e influyentes siempre encuentran un juez corrupto o la condonación. Así que mientras el cambio llegue a todo el sistema jurídico no tendremos otra opción que la condena moral. Se siguen y seguirán riendo de la humanidad. Lo único real es que Beto sólo puede moverse en su propio ambiente reducido, fuera de él solo encontrara el repudio.

Cap. X.- Pochola
Ella tenía un retiro asegurado por su jubilación sueca, pero estaba sola a pesar de su actividad social encantando amas de casa menos instruidas. Los hijos se alejan al igual que los maridos espurios, pero nunca es tarde para una relación cercana. Así que puso a buscar un soltero empedernido, un viudo o un divorciado, con la edad cercana, pero ya sin pretensiones de fidelidad, al cabo ya el cuerpo era poco exigente.
Había que ampliar el ámbito de acción a los centros de reunión de intelectuales invernales. Allí conoció a un ex radical de izquierda decepcionado del vaivén político y dedicado ahora al hedonismo permitido por cierta holgura económica.
- Señora estoy impresionado por sus modales y talento. Se ve que ha tenido un gran roce internacional.
- Honor que me hace, pero realmente no es para tanto. Tuve una buena educación gracias el esfuerzo de mis padres, me encantó siempre la arquitectura y ésta me ha permitido vivir bien en los lugares que he recorrido.
- ¿Está Ud. casada?
- Lo estuve alguna vez, pero los hombres suelen ser muy demandantes y a mí siempre me gustó ser libre. No soy de las esposas abnegadas. ¿Ud. está casado?
- Más bien soy viudo, ella murió en un accidente cuando teníamos muchas desavenencias por mi actividad política.
- A veces hay que poner a la política por delante, conocí algunos así y los consideré de alto riesgo para una vida tranquila. No soy de las que muere por la patria.
- Yo también creo que es mejor que el enemigo muera por la nuestra. ja,ja,ja.
- Vaya ya es una primera coincidencia, la segunda es que estamos sin pareja, aunque creo que a estas alturas no es necesario una pareja precisamente. Podemos al menos ser amigos.
- Por supuesto. Vengo al café del club los martes y viernes como hoy.
- Yo estoy muy ocupada con el grupo de mujeres que motivo y asesoro. Luego voy al Colegio de Arquitectos cuando no estoy de viaje. Pero sin duda un día coincidiremos.
Aunque Pochola no tenía interés de formar otra pareja, le atraía la idea de tener un confidente ocasional con quien departir. Así que pronto del café pasaron al cine, el teatro y los paseos campestres. No era cómodo vivir juntos por el momento, acostumbrarse a compartir un espacio más intimo no la hacía feliz por ahora. Sin embargo, ya no había nada que perder en una sexta relación y menos a la vejez, en todo caso el apoyo mutuo con ciertas facultades ya mermadas es conveniente.

Cap. XI.- Pedro
Tras el reencuentro volvió a la realidad de cierta estabilidad. La familia estaba intacta, la sobrevivencia mínima llegó con la jubilación y la tarea de la vida siguió siendo la misma. Los peores años del neoliberalismo pasaron y horizontes nuevos surgían en América Latina. El mérito era sin duda de los que lucharon en primera fila por más de 20 años. Pero hubo miles que en la retaguardia y granito a granito pusieron su parte.
El sur cambiando y el norte resistiendo el cambio. La única alternativa para Pedro era facilitar el avance de la conciencia y resistir con el ejemplo.
- Qué envidia de lo que pasa en el sur. ¿Qué nos pasa Pedro, seremos un pueblo derrotado?
- Claro que no, tarde o temprano lo lograremos.
- Es que el norte está anclado al imperio. Lo controlan todo y tienen aterrado con los cambios al pueblo.
- No es fácil pero sólo cuando la mayoría esté convencida y decidida se logrará. Eso significa luchar contra el medio de sumisión y los medios de comunicación. Sólo un gran movimiento que rebase a los mismos partidos políticos lo puede lograr.
- ¿Dónde está ese movimiento?
- En todas partes. Por eso tenemos que convencer a cada unos de nuestros parientes, vecinos, compañeros de trabajo, transeúnte, etc. Ellos saben lo que debe cambiar pero no saben cómo, hay que hablar del cómo. Hay que estar donde está la gente y sumar voces. Debemos coincidir en que la vida digna para todos es un derecho. Vivienda, educación, salud y trabajo son derechos humanos no dádivas del poder.
- Pero ahora todo está en contra. La iglesia delibera y dicta línea, el presidente predica su fe, los medios dicen por quién votar y demonizan a los patriotas.
- A pesar de todo hay que hacerlo. No es por nosotros es por todos y por nuestra conciencia. Sólo así se puede dormir bien.
Todavía quedarían muchos años de lucha en todas partes, unos por delante y otros muy atrasados, pero siempre apuntando en la misma dirección. Pedro siguió esperando el fin de la medicina privada y la implantación de la atención médica universal y gratuita; la educación universal gratuita, laica y de calidad; la vivienda digna sin rezagos; en fin, el cambio a la equidad.
Sentado en su mecedora estaría recibiendo el consuelo de hijos y nietos que recrean sus sueños con gentiles bromas. La esperanza seguirá viva y nunca firmará la abdicación, la traición o el arrepentimiento. No habrá nunca un “disculpen señores del capital Uds. tenían razón”.